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Red Uno Bolivia.- El mausoleo del dictador iraquí Saddam Hussein, quien fue colgado el 30 de diciembre de 2006, ha quedado reducido a una montaña de concreto destruido y alambre de púas, casi sin dejar rastros de sus restos.

Hecho que dejó tranquilidad para los que eran oprimidos por el tirano, pero al mismo tiempo causó molestia e indignación para lo que eran seguidores sunitas de Saddam. Después de que fuera asesinado, su familia firmó una carta cuando recibieron el cuerpo, aceptando enterrar al dictador cuanto antes, según el jeque Manaf Ali al Nida, un líder de la tribu Albu Nasser de la que proviene el clan de Saddam.

El cuerpo fue enterrado antes del amanecer en un mausoleo que con el tiempo se convirtió en un centro de peregrinación para sus seguidores e incluso lo visitaban el día de su cumpleaños, sin embargo, tras tres años de guerra civil, los visitantes deben tener un permiso especial para entrar a aquel lugar, puesto que sólo han quedado ruinas.

Las milicias chiitas Hashed al Shaabi, apoyadas por Irán, custodian el lugar y han dicho que su destrucción se debe a los bombardeos aéreos de la fuerza aérea de Irak en combates contra el ISIS, que fue derrotado en el país en 2017.

Uno de sus milicianos especuló que la hija de Saddam exiliada en Jordania, Hala, habría volado a Tikrit en un avión privado y se habría llevado con ella los restos de su padre.

“¡Imposible!”, consideró un profesor universitario iraquí que es experto en la era de Saddam Hussein. “Hala no ha vuelto nunca a Irak. El cuerpo podría haber sido llevado a un sitio secreto, nadie sabe quién se lo llevó o a dónde”, explicó el hombre, que mantuvo su anonimato.

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