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Red Uno Bolivia.- Hace 60 años Nagoro, el pequeño pueblo de difícil acceso, tenía cientos de habitantes. Sin embargo, la gente fue muriendo, el trabajo se acabó y los más jóvenes prefirieron irse del lugar, desmotivados básicamente por la dura ubicación geográfica.

Ayano Tsukimi, de 67 años, se dio cuenta de que el número de habitantes comenzaba a disminuir dramáticamente, lo que produciría un inevitable olvido de su pueblo natal. Pese a que ella era una más de los que había emigrado, hace ya 14 años decidió volver para cuidar a su padre y comenzó a hacer algo empezando por reemplazar a las personas que solían vivir en Nagoro por muñecos.

Hechos de palos de madera, papel de diario, medias y botones, los muñecos de Tsukimi se volvieron un atractivo turístico. Actualmente cada vez son más las personas que quieren conocer esta aldea por lo tétrico y mágico que se ve repleta de muñecos ubicados en distintas partes como en colegios, jardines, tiendas y lugares para comer.

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