Don Ángel Mamani, heladero desde hace 26 años, recorre hasta seis estaciones de servicio al día para endulzar y refrescar la larga espera de los conductores cochabambinos.
02/07/2026 21:13
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Las extensas filas de vehículos en los surtidores de la ciudad en busca de diésel y gasolina se han convertido en parte del panorama diario. Sin embargo, en medio del drama y el estrés que viven los transportistas por la escasez, surge también el ingenio de quienes encuentran en la crisis una oportunidad para salir adelante. Este es el caso de los comerciantes ambulantes, quienes han visto en las kilométricas colas un nuevo e inesperado mercado laboral.
Uno de los rostros más conocidos de estos días es el de don Ángel Mamani, un hombre de 60 años que, con su inseparable carrito y una sonrisa, recorre diariamente las estaciones de servicio ofreciendo un momento de alivio a los impacientes conductores.
26 años refrescando las calles y ahora los surtidores
Don Ángel lleva más de un cuarto de siglo dedicándose al oficio de heladero. Conoce las calles de Cochabamba a la perfección, pero la coyuntura actual lo llevó a modificar su ruta habitual para concentrarse donde la gente pasa horas inmóvil. Su jornada empieza temprano y abarca un amplio cuadrante de la ciudad.
La ruta diaria: Recorre alrededor de seis surtidores ubicados entre la zona central, las inmediaciones del Estadio Félix Capriles (zona norte) y el sector oeste de la urbe.
El horario: Trabaja de manera continua desde las 10:00 de la mañana hasta las 16:00 o 17:00 de la tarde.
Los preferidos: "Vendo un poco, a veces más, otros días poco. Los que más salen es el crocante, el sanguchito y el cono; eso es lo que más me piden", comenta don Ángel mientras atiende a un transportista a través de la ventana de su camión.
Aunque reconoce que por la época del año la venta no se equipara a los días de intenso calor, el flujo constante de clientes cautivos en las filas le permite asegurar el sustento diario.
"Hay que aprovechar": El reflejo de la economía informal
El caso de don Ángel no es aislado. Las filas de los surtidores se han transformado en verdaderos mercados itinerantes donde se ofrece desde comida rápida y refrescos hasta cargadores de celular y accesorios para vehículos.
"Otros venden igual. Hay que aprovechar", afirma don Ángel con sencillez, reconociendo que no es el único que busca ganar unos centavos en este escenario adverso.
Lejos de rendirse ante las dificultades, este trabajador de 60 años asegura que su carrito seguirá rodando mientras persista la necesidad. "Mañana volveré a las filas. Si no hay, caminando igual, porque por aquí también es mi ruta", concluye con optimismo. Para los choferes, su llegada representa mucho más que la compra de un helado; es una pequeña pausa de dulzura en medio de una jornada marcada por la incertidumbre.
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