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Si eres un visitante que llega a La Paz, te encuentras de inmediato con un cortometraje de escenas pintorescas de historia viva en cada paso que das en esta exótica tierra.

La Paz en la actualidad es uno de los departamentos de Bolivia que está marcando el ritmo de su identidad moderna con simbiosis frescas que enlazan lo de hoy, lo de ayer y lo que viene en un solo cuadro de movimiento que invita a ser parte de esta realidad.

De la diversidad de contrastes, La Paz saca en limpio una caja de curiosidades y atractivos que sorprenden al forastero con la misma intensidad que fortalecen el orgullo propio del paceño neto y autentico de este tiempo.

Aquí te presentamos 5 de esos retazos de La Paz que lucen distintivos en el siglo XXI cuando se recorren los recovecos de su sinuoso espacio urbano y las latitudes ondulantes de su geografía regional.

El lago navegable más alto del planeta

El Lago Titicaca, compartido entre Bolivia y Perú es una reliquia natural que la evolución geológica obsequió a estos países. La visita a este fascinante lago cautivo elevado a 3.812 m.s.n.m se lo hace en Bolivia desde el Departamento de La Paz, por ello, si te gusta la aventura al aire libre en una capsula atemporal que funde el cielo con la tierra debes estar en La Paz.

La región que invierte el clima de La Paz

Quien llega a La Paz por primera vez embotella su primera impresión en una percepción de clima frio y seco, sin embargo, al norte del departamento se erige una ecorregión tropical de altura variable entre 600 y 2.500 m.s.n.m llamada Yungas. En esta zona el calor y la humedad azotan la piel del estante, al tiempo que la vegetación frondosa y exuberante de sus contornos revienta la lógica de una La Paz fría y la re-inventa sin cambiar su identidad.

Los Yungas son ese pedazo de geografía hecha a la medida del capricho de la naturaleza. Algo así, como si un puñado de dioses sin religión hubiera esculpido climas y topografías tan diferentes en un mismo plano sin recortes para delicia de los paceños y ‘los de afuera’.

La ‘hoyada’ que encierra una ciudad sin sueño

Ya sea que llegues en avión o por bus las proximidades de la ciudad de La Paz te marcan el boceto de un agujero que contiene una ciudad maqueta que nunca duerme.

El paisaje arquitectónico de la ciudad capital puede apreciarse desde lo alto de la ‘hoyada’. Aquí la ciudad de La Paz, con sus más de 800 mil habitantes parece un puzle de vida urbana que exprime lo mejor de la noche en sus bares, restaurantes y centros de espectáculos, pero también caricaturiza con excelsa precisión el flujo de gente que recorren  a prisa los extremos de la urbe durante el día.

Por eso y muchas cosas que se pueden añadir, la hoyada paceña es una de las maravillas urbanas del mundo contemporáneo.

El departamento donde lo indígena y lo mestizo construyen cultura

En La Paz lo aimara es el distintivo cultural e histórico de una sociedad que no niega su pasado y su identidad.

Aunque la identidad aimara es más característica que la quechua en esta región, lo nativo, originario y propio de La Paz sigue la huella del tiempo atravesando el hito fronterizo de la colonización hasta asentarse en los tiempos actuales, donde lo mestizo y lo indígena visten de pollera, usan celulares de última generación y hablan un idioma nativo con la misma alternancia que lo hacen con el castellano heredado.

Colosos que siguen de pie como vestigios inermes del pasado

Sorprende al extremo de La Paz su imponente inventario de gigantes naturales y culturales que están esparcidos por todas sus latitudes. En la cabecera de la ciudad capital el Illimani con sus 6.462 m.s.n.m y 6.438 metros de altura observa la hoyada imponente como un emperador sentado en su trono de piedra.

En otro punto de la geografía paceña te espera la majestuosa montaña Chacaltaya con sus 5.395 de altura y un clima polar que reta a cualquiera a escalar sus lados con hidalguía.

Pero no solo la naturaleza hizo obra en La Paz, los hombres también dejaron su talento en las culturas precolombinas y republicanas con colosales estructuras como Tiahuanaco y Puma Punku en el ayer, y obras urbanas de primera línea hoy, como el Teleférico, la catedral metropolitana, puentes y edificios que adornan la urbe paceña como zarcillos de una chola ufana en el siglo XXI.

Este 16 de julio La Paz cumple 208 años desde que un grupo de patriotas en 1809 decidieron poner fin a la dominación colonial española, levantando un grito de emancipación que no sucumbiría a la vida republicana, pues hoy, La Paz es uno de los baluartes más apreciados de cultura, turismo, dinamismo político y crecimiento urbano que le debe a su espíritu indómito la identidad vigorosa y el lugar especial que tiene dentro de toda la familia boliviana.

 

¡Felicidades La Paz!

 

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