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Red Uno Bolivia.- Las luces fantasma y el ballenero (casa de ballenas) que pudo evitar la tragedia. La historia cuenta que durante las horas más dramáticas luego del impacto contra el iceberg, un buque finlandés dedicado a la caza ilegal de focas y ballenas estaba acercándose para ayudar en los rescates. Pero el capitán del Samson, luego de observar las bengalas del Titanic, creyó ver que la Guardia Costera de los Estados Unidos estaba tras ellos para incautar su cargamento, según explica el autor Nacho Montero en su libro Los diez del Titanic.

El barco ballenero transitaba desde Canadá aguas norteamericanas sin permiso y traficando pieles de focas. Días después llegaron a la costa de Islandia y supieron sobre la magnitud de la tragedia que habían dejado atrás sin ayudar. La tripulación, sabiendo que hubieran podido salvar a los pasajeros, realizaron un pacto de silencio que duró medio siglo. Henrik Naess, capitán del Samson, confesó la verdad cuando estaba agonizando.

La brutalidad de los oficiales

Cuando en la cubierta del Titanic todo era desesperación, dramatismo y lucha por sobrevivir, había quienes conocían en verdad que de persistir esa situación, la mitad de los pasajeros y casi toda la tripulación, perecería en las aguas heladas del Atlántico. La ecuación era fácil: a bordo había menos de la mitad de los botes salvavidas necesarios para semejante monstruo de los mares. E íntimamente, los oficiales a cargo del operativo de emergencia, sabían que deberían actuar con frialdad, pero también con una inhumana brutalidad.

Fue así como varios testigos vieron cómo con hachas le cortaban las manos a quienes quisieran trepar a los botes salvavidas ya en el agua y con pasajeros para poder sobrevivir. Preocupados porque el abordaje intempestivo de quienes nadaban desesperados pudiera hundir las embarcaciones, los marineros que conducían las balsas debían amputar de un golpe las extremidades de quienes pretendiesen subirse.

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