Las culturas de Tierras Bajas son portadoras de una gran riqueza de creencias, ritos y tradiciones que luchan en tiempos modernos por mantener vigencia en nuestra sociedad.

Una de ellas es la nación guaraní, un pueblo con una estructura de credos tomemísticos que dibuja sus dioses sobre el lienzo de fenómenos y seres que la Naturaleza provee.

Los guaraníes han logrado fortalecer sus creencias ancestrales en tiempos modernos con celebraciones especiales como el Lucero del Alba.

Todos los años en la cultura guaraní se espera el 21 de junio como el inicio de un nuevo ciclo agrícola. Este comenzar viene determinado por un fenómeno de luz que llega desde el cielo llamado ‘Yasitata Guazu’ o Lucero del Alba.

Los eventos que dan origen a esta celebración tienen dos denominaciones; la espera en la noche del 20 de junio recibe el nombre de ‘Yasitata’, en tanto el amanecer se conoce como ‘Koembiya’.

El brillo del Lucero indica el curso del nuevo ciclo agrícola e influye en las actividades sociales de la población que forma la nación guaraní.

Cuando la luz del icono natural es resplandeciente, los guaraníes entienden que el próximo ciclo agrícola estará cargado de abundancia, buena siembra y cosecha, en tanto las mujeres se dirigen repletas de optimismo hacia el paúro a recoger el agua bendita por la luz del astro y los varones cazadores y pescadores esperan un beneficio generoso de la naturaleza.

Si el Lucero matutino no aparece por razones climatológicas, el pueblo guaraní asume que el nuevo año traerá dificultades y obstáculos en sus actividades cotidianas.

Durante la celebración del Yasitata Guazu se realiza el ‘ayarise’, el cual consiste en una serie de ritos de agradecimiento por todos los bienes del año anterior y ofrendas para recibirlos el nuevo año.

Todo este sistema de creencias conecta las actividades productivas y la vida social de los guaraníes con las señales luminosas del cielo, lo que a su vez marca el caminar de esta nación hacia la ‘Tierra sin Mal’.

 

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