La educación financiera es un conjunto de saberes que no ocupa espacio en los currículos académicos de las instituciones de formación en el mundo.

Y aunque la educación financiera es parte de aquello que se suele llamar ‘escuela de la vida’, su importancia es relevante en la medida que dicta el rumbo de nuestras finanzas personales, modela la administración de la economía doméstica y en última instancia, imprime el tipo de relaciones que se tejerán al interior del núcleo familiar.

Las buenas prácticas de educación financiera descansan sobre tres conceptos fundamentales; Ahorro, Gasto e Inversión.

Cada uno de estos conceptos representa capacidades de enfocar el uso de nuestros recursos económicos hacia intereses específicos que dependen de expectativas y tiempos previstos.

El Ahorro

El Ahorro es aquello que se entiende como una previsión estática para el futuro, es decir la utilización pasiva de recursos económicos cuya función es tener disponibilidad inmediata, segura y rápida  de dichos recursos para unas causas concretas.

Una buena estrategia de administración del ahorro nos sugiere guardar entre un 10% y un 20% de nuestros ingresos netos periódicos (mes, semana o día) para cualquier eventualidad futura.

El Gasto

El Gasto por su parte es el flujo corriente de dinero que cubre nuestras obligaciones cotidianas. Es importante que el gasto se mantenga controlado, ejecutando una rigurosa planificación del monto destinado a cada necesidad según su relevancia.

Expertos en educación financiera como Robert Kiyosaki aconsejan no exceder nuestros gastos en alimentación, rentas, pago de servicios básicos y transporte más allá de un 75% de nuestros recursos destinados al ítem ‘Gasto’. El restante 25% debe ser el margen adecuado para cubrir otra serie de obligaciones, además de disponibilidad inmediata para amortizar más deuda o contraer nuevas que sean estrictamente necesarias.

La Inversión

La Inversión es la arista de este triángulo que ofrece el potencial de transformar radicalmente nuestras finanzas personales. Gurús como Warren Buffet señalan que un buen comienzo seria destinar entre un 5% y un 15% de nuestros ingresos a un tipo especial de ahorro con fines de inversión.

Con inversiones inteligentes se puede incrementar el patrimonio personal y familiar, cambiar de estilo de vida, reducir nuestras responsabilidades laborales y mejorar nuestra posición en las franjas de clases sociales.

Si bien una gran parte de las personas y familias no tienen el hábito de inversión, eso a su vez impide que puedan acceder a otros niveles de beneficio que otorga la sociedad, comenta el trainer de inversiones colombiano, Juan Diego Gomez.

A diferencia del Gasto y el Ahorro, la Inversión exige un mayor nivel de educación financiera y una práctica constante de perfeccionamiento de habilidades que solo se adquiere con el paso de los años.

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