Así es, el olor del depredador causa miedo y es suficiente para reducir significativamente tanto la fertilidad como el crecimiento de las crías en pequeñas poblaciones.

Esta es la conclusión de un estudio llevado a cabo por investigadores de las universidades McGill y de Guelph (Canadá) y publicado en la revista Proceedings of the Real Society B, donde explican que el riesgo de extinción aumenta porque, en pequeñas poblaciones, la mosca de la fruta pasa más tiempo vigilando y menos comiendo, por lo que se producen declives en el número de individuos.

El estudio sugiere que una vez que una población ha alcanzado un tamaño limitado, el efecto del miedo sólo puede conducir a su extinción.

Kyle Elliot, del Departamento de Ciencias de Recursos Naturales de la Universidad McGill, señala que es “algo misterioso” por qué los depredadores son tan importantes en la extinción de animales.

A medida que las poblaciones de presas disminuyen, los depredadores deberían simplemente cambiar a otras presas, pero si, como hemos demostrado, el olor es suficiente para continuar el declive de la población”, recalca Elliot.

Entonces incluso si los depredadores avanzan hacia otras presas y su olor desaparece, esto no es importante para la supervivencia de la población que está en riesgo, cuyo número y capacidad reproductiva han sido afectados gravemente por “el olor pasajero de la muerte”.

Elliott, añade: “Los ejemplos con depredadores se limitaron a los animales sociales, como los suricatos, donde los grupos pequeños pasan más tiempo siendo vigilantes y consecuentemente son más propensos a extinguirse. Demostramos que los mismos principios son verdaderos incluso en especies como las moscas de la fruta”.

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