Aunque Alemania haya anunciado que en 2022 pretende poner fin a su dependencia nuclear, otros países de Europa y Asia están replanteando la necesidad de reducir sus centrales nucleares tomando en cuenta un aumento de la demanda de energía eléctrica en el mundo.

Si bien el peso de la energía nuclear en relación al resto de la energía producida está en caída (en 1996 la proporción era del 17,6% y en 2013 bajó a 10,8% según The World Nuclear Industry  Status Report 2014) en todo el orbe, el desmantelamiento total de las centrales no es algo que la comunidad nuclear quiera aun.

Parece que el mercado le está ganando la pulseta a  la ecología, y el efecto moral de Fukushima se está desvaneciendo.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) reporta que en 2016 existían 448 reactores nucleares en el planeta, los cuales producen un 11,5% de la electricidad mundial.

Luego del accidente en la central nuclear de Fukushima Daichii en Japón en 2011, varios países desarrollados comenzaron a debatir sobre los riesgos de la energía nuclear y las opciones más viables para generar fuentes  de energía alternativas  escalables y rentables a mediano plazo.

Varios países europeos y Japón se mostraron favorables a impulsar una iniciativa global que llevase al mundo a un apagón nuclear en este siglo, al tiempo que se debía plantear la urgencia de desarrollo de nuevas energías, limpias y sostenibles que fueran compatibles con los mayores esfuerzos mundiales en contra del calentamiento global.

Después del 2013 la conciencia antinuclear se fue desvaneciendo en los movimientos de cintura del mercado de la energía eléctrica, pero además se ha visto una merma del interés de muchos gobiernos por fomentar proyectos de investigación en energías alternativas, comenta el experto francés, Mycle Schneider.

De hecho, en 2016 la Organización Internacional de Energía Atómica informó que estaban en marcha la construcción de 61 reactores nucleares en países como China, India, Rusia, Corea del Sur, Finlandia y Francia.

Desde la perspectiva latinoamericana no parece haber una decisión alineada hacia el apagón nuclear. En la actualidad solo países como Argentina (2 centrales nucleares + 1 en construcción), Brasil (2 centrales nucleares + 1 en construcción) y México (2 centrales nucleares) producen este tipo de energía y no hay ninguna señal en sus gobiernos que indique una renuncia a esta fuente.

En unos años más Bolivia pretende entrar en este selecto club con ayuda de Rusia,  según anunció en 2015 el presidente Evo Morales.

Visto en un cuadro más amplio, la energía nuclear aún sigue siendo estratégica en las necesidades de los países que la producen, sin embargo el péndulo parece estarse moviendo hacia una baja en la dependencia y menos en la dirección de una iniciativa global de apagón total.

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