Es cierto que el concepto de ‘Inteligencia’ se ha tornado más complejo a medida que la ciencia ha puesto al descubierto nuevas dimensiones del ser humano.

Actualmente el ‘inteligente’ ya no es sinónimo de un IQ alto únicamente. Este enfoque ha cambiado para ampliarse. Sin embargo, los individuos considerados muy inteligentes en la percepción popular del término son vistos como aquellos con una capacidad creativa e innovadora superior al promedio de los mortales.

Esta clase se seres tienen características muy especiales que los distinguen, entre ellas la tendencia evidente a la soledad. Son ‘solitarios’ por elección, aunque existen casos en que el aislamiento es forzado por el rechazo que inspiran en su medio social.

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Al margen de ello, las personas muy inteligentes son una fuente inagotable de ideas, un manantial de creatividad y energía transformadora; a veces revolucionaria, a veces excéntrica o la combinación simbiótica de ambas.

Una investigación conjunta entre la London School of Economics y la Singapore Management University reveló que existe una tendencia inversamente proporcional entre el valor del IQ y la necesidad de tener una vida social activa. Es decir, las personas más inteligentes (basado en el IQ) no sienten necesidad de tener muchos amigos y prefieren pasar más tiempo en soledad.

El estudio también mostró que la tendencia se invierte en las personas con IQ bajos o cercanos a la media poblacional.

Quizás el estereotipo del ‘genio solitario’ sea solo eso, un estereotipo, sin embargo la conducta individual basada en el Coeficiente Intelectual (IQ) esboza la predisposición de las personas  a adoptar formas de vida solitarias mientras aumenta su IQ, en tanto la necesidad de socialización se potencia a medida que desciende el IQ.

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