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Red Uno Bolivia.- Josh es el padre que se tatuó una cicatriz en la cabeza, igual a la de su hijo, para demostrarle el gran amor que le tenía y enseñarle con ese gesto que no tenía por qué sentir vergüenza de las cicatrices y que recuperase la confianza en sí mismo.

Pero no contaba con que Gabriel Marshall, el niño con cáncer, pierda la vida antes del tiempo pensado. Este 1 de febrero dio la noticia en las redes sociales de todo lo que vivió junto a su pequeño durante los últimos días de su vida.

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“Tengo el corazón roto. No solo he perdido a mi hijo, sino también a mi mejor amigo”, afirma antes de explicar que Gabriel sufría dolores muy fuertes desde hacía más de una semana y que el pasado domingo tuvo que llevarle a urgencias porque tenía paralizada la parte izquierda del cuerpo. El lunes se levantó sin ganas y, sin embargo, el encuentro con un amigo camino del médico le hizo animarse. Tanto que, al salir de la clínica, pidió a su padre que le llevara a Toys ‘R’ Us. Fue camino a casa, tras haber comprado una pistola de juguete, cuando Gabriel empezó a sentirse cansado. Se quedó dormido en el coche y, cuando su padre fue a despertarle, no abrió los ojos. “Hasta luego, bebé”, se despide Josh.

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