En el siglo XXI los viajes al espacio exterior ya no estarán reservados solamente para astronautas altamente entrenados. Los nuevos exploradores de las estrellas serán civiles no vinculados a los programas espaciales, sin embargo la tecnología que permitirá llevar a esta nueva generación de viajeros está en pleno desarrollo.

Los siguientes años serán decisivos para la construcción de una industria espacial privada capaz de transportar civiles de manera segura fuera de nuestra atmosfera. Desde la década de los 70 los principales programas espaciales del mundo no han vuelto a organizar un viaje a la Luna, lo que ha dado paso a iniciativas ambiciosas desde el financiamiento privado para llenar ese vacío.

Este tipo de financiamiento requiere de grandes fondos que solo un puñado de personajes posee. Entre ellos se cuenta a Elon Musk, Jeff Bezos y Richard Branson por ejemplo.

Las ambiciones de Elon Musk lo han llevado a pensar que en 2018 las naves Dragons fabricadas por la compañía Space X de la que él es accionista llegarán al planeta Marte.

Jeff Bezos y su compañía Blue Origin también están en competencia por los viajes espaciales privados. A esta carrera también ingresó el millonario Richard Branson con su empresa Virgin Galactic, la cual ya ha comenzado a vender boletos por 250.000 $us para hacer viajes suborbitales.

Todas estas ingeniosas start up están realizando grandes esfuerzos para desarrollar tecnologías seguras y rentables de reutilización de cohetes empleados en los programas espaciales nacionales adaptados a fines comerciales.

Las pruebas iniciales en este campo no son concluyentes, sin embargo los avances técnicos están experimentando grandes progresos que culminaran en la formación de una industria de turismo espacial en las próximas dos décadas.

 

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