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Red Uno de Bolivia.- La fiesta de Todos Santos tiene lugar el 2 de noviembre, sin embargo la fiesta misma empieza el día anterior, el 1ro. a las doce del mediodía, cuando las almas de los muertos llegan a las casas para compartir con los vivos la alegría de una buena cena.

El culto a los difuntos se mantiene, sobretodo en el campo donde el evento se prepara semanas antes de la fecha. El ritual es complejo, otro ejemplo del sincretismo entre tradición pre-colonial y tradición cristiana importada por los españoles.

En este mundo subterráneo, las almas viven el ciclo de su vida al revés, ellas nacen viejas para morir joven y volver a vivir en el mundo de los vivos. La muerte entonces no es ninguna ruptura, sino una etapa del ciclo de la vida, al contrario de la visión lineal de la vida en la religión cristiana. Cada año, las almas vuelven a visitar el mundo de los vivos para ver si su recuerdo perdura.

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Se arma el tradicional Mast’aku con comida y bebida, lo que más le gustaba más al difunto. Este acto demuestra de nuevo la importancia de la reciprocidad en la sociedad andina. En la mesa hay fruta seca, masitas, caramelos en forma de animalitos, escaleras de pan y “tantawawas” literalmente “niños de pan”.

Los familiares se sienten alrededor de la mesa y reciben toda la noche visitantes, que les acompañan en su rito de recuerdo al difunto con oraciones, compartiendo la comida y bebida. También es tradición que pasen grupos de niños de casa en casa para rezar y cantar los “alabados” o “Cori Coritos” a las almas de los muertos, recibiendo a cambio una partecita del festín.

 

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