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Red Uno Bolivia.- Katie Stubblefield es la receptora más joven de un trasplante de rostro en los Estados Unidos. Ella tenía 18 años el día que decidió quitarse la vida con un rifle. El disparo destruyó su rostro, pero la joven sobrevivió. Ese día comenzó una carrera médica que aún hoy continúa.

El camino hacia el trasplante fue extenso, puesto que el disparo destruyó gran parte del rostro de Katie, por lo que hicieron falta 22 operaciones antes de implantar el nuevo rostro, según el portal de El Clarín.

La donación se concretó gracias a la voluntad de Sandra Bennington, abuela de Adrea Schneider, una mujer de 31 años que había fallecido por una sobredosis. Al enterarse que era compatible dio el visto bueno para ceder sus tejidos y órganos fáciles. Adrea estaba registrada como donante y su corazón, pulmones e hígado también salvaron vidas en otros puntos de los Estados Unidos.

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Pasaron más de tres años hasta que la joven llegó al quirófano; el último estuvo en lista de espera. “Estás en buenas manos”, le dijo su padre segundos antes de que la ingresaran en una camilla a la sala de operaciones de la Cleveland Clinic.

Su historia ha sido documentada con un equipo de National Geographic que la ha acompañado durante más de dos años.

Según detalla la entidad en su sitio online, la intervención se hizo entre el 4 y 5 de mayo del año pasado, duró 31 horas y los médicos debieron cambiar de plan a mitad de camino. Es que originalmente habían pensado hacer un trasplante parcial, pero una vez en el quirófano vieron que sería mejor hacerlo en forma completa, ya que había diferencias de tamaño y tono de piel entre la donante y la receptora.

La intervención completa incluyó frente, párpados superiores e inferiores, cuencas del ojo, nariz, boca y labios, las mejillas, la mandíbula superior y parte de la inferior, dientes y músculos faciales.

La cirugía fue financiada por el Departamento de Defensa de los EE.UU., a través del Instituto de Medicina Regenerativa de las Fuerzas Armadas. El objetivo fue mejorar el tratamiento para los miembros de las fuerzas heridos en batalla que regresan con lesiones similares. Como tal, la cirugía de trasplante de cara de Katie se convirtió en un experimento de por vida para el tratamiento de traumatismos faciales por bala.

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