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Red Uno Bolivia.- Sheila Alejandra Ayala de 10 años, nacida en Argentina, fue reportada desaparecida desde el domingo 14 de octubre y su cadáver fue encontrado este jueves en un hueco entre dos paredes, en un predio de San Miguel, Buenos Aires, dentro de una bolsa de plástico, debajo de un colchón y en medio de pilas de basura. Había sido estrangulada y fue ubicada a escasos metros del departamento en San Miguel donde viven sus tíos, detenidos como principales sospechosos del crimen.

Tomamos alcohol y drogas y no sabemos qué pasó”, dijeron ante la Policía Leonela Ayala, de 25 años,  tía de Sheila; además de su pareja Fabián González Rojas, un joven paraguayo de 24 años con antecedentes penales por robo.

Las primeras pericias realizadas sobre los restos de Sheila arrojaron que la data de muerte es entre tres y cinco días antes del hallazgo, por lo que se sospecha que fue asesinada el mismo día que desapareció. Los investigadores determinaron que la niña fue ahorcada. “Presenta estrangulamiento con una sábana blanca con dibujos infantiles“, señalaron fuentes del caso aunque esperan establecer si la menor fue atacada sexualmente.

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Por otra parte, los investigadores confirmaron que el cuerpo de la víctima estaba desnudo y que dentro de la bolsa en la que la encontraron había prendas idénticas a las que llevaba el día que desapareció: una polera fucsia, una bombacha blanca y una sandalia marrón.

El desenlace trágico de la búsqueda de Sheila ocurrió este jueves por la tarde, cuando un perro que acompañaba a los 150 efectivos de distintas fuerzas de seguridad que desembarcaron en el predio del barrio Trujui donde vivía la familia paterna de la nena, marcó un muro.

El lugar está delimitado por muros y se accede por dos portones. Perteneció a una bailanta que quedó abandonada hace una década. “Hace dos años el dueño inició un juicio de desalojo y ya hubo mediaciones entre las partes. Pero aún no lograron que las familias abandonen el lugar“, explicaron las fuentes.

Allí también está el departamento donde vivía los detenidos y donde los investigadores encontraron decenas de moscas revoloteando sobre una cama. Un indicio macabro de que el cuerpo de Sheila pudo haber estado ahí mientras todos la buscaban y Leonela, su tía y madrina, salía por los medios a pedir por su sobrina.

Segundos antes de que se conociera que el cadáver había sido descubierto, la Policía se llevó a dos tíos de Sheila. Martín Ayala estaba como loco, desencajado, y era arrastrado a la fuerza por los agentes. En otro patrullero se llevaron a González Rojas, el marido de Leonela. Ambos luego confesaron el crimen.

A la hermana del papá de Sheila la detuvieron después de que encontraran indicios claros en el departamento que compartía su pareja: las moscas indican que en esa zona hubo restos orgánicos. Sobrevolaban sobre una cama precaria, junto a la que había bolsas, cintas y una muñeca de Hello Kitty.

Los policías revisaron casa por casa, la Prefectura también participó del rastrillaje y los perros rastreadores cumplieron con su misión: encontraron el cuerpo de Sheila. Pero ya era tarde para esa nena de 10 años cuyo crimen quedó enfocado en una agresión intrafamiliar que podría tener connotaciones sexuales.

 

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