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El macabro secreto de una mujer que vivió 18 años con el cadáver de su esposo en el altillo

La principal sospechosa era su esposa, pero murió antes de que el crimen saliera a la luz.

17/05/2026 13:52

El macabro secreto de una mujer que vivió 18 años con el cadáver de su esposo en el altillo
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La tarde del 24 de noviembre de 2015, dos vecinas de Pontypridd, un pequeño pueblo de Gales, entraron a la casa de una amiga fallecida para ordenar sus pertenencias. Mientras revisaban el altillo, encontraron un paquete extraño, cuidadosamente envuelto con varias capas de plástico y cinta adhesiva.

Al intentar moverlo, notaron que era demasiado pesado. Primero pensaron que podía tratarse de un maniquí, pero la sospecha se volvió mucho más inquietante cuando advirtieron que dentro parecía haber restos humanos.

Lo que acababan de encontrar era el cadáver momificado de John Sabine, un hombre que había desaparecido casi dos décadas antes y cuyo paradero nunca había sido esclarecido.

El secreto oculto en el altillo

La vivienda pertenecía a Leigh Sabine, una mujer de 74 años que había muerto poco antes a causa de un cáncer. Sus vecinos la recordaban como una persona carismática, excéntrica, siempre arreglada, maquillada y de carácter fuerte.

Sin embargo, detrás de esa imagen guardaba un secreto escalofriante: durante 18 años convivió bajo el mismo techo con el cuerpo de su esposo escondido en el altillo.

John Sabine había desaparecido en 1997. Durante todo ese tiempo, Leigh sostuvo una misma versión ante quienes preguntaban por él: decía que su marido la había abandonado, que se había ido al extranjero y que no tenía intenciones de volver.

La explicación resultó creíble para muchos, ya que John era descrito como un hombre solitario, distante y poco integrado a la vida social del barrio.

Una muerte violenta

La investigación reveló que la realidad era mucho más oscura. Los estudios forenses determinaron que John murió por un fuerte golpe en la cabeza provocado con un objeto contundente.

El cráneo presentaba fracturas compatibles con un ataque violento y planificado. Incluso se mencionó como posible arma una pequeña escultura con forma de sapo.

Tras el crimen, Leigh habría envuelto el cuerpo en mantas, bolsas y plástico, para luego esconderlo en un rincón del altillo. El cuidadoso embalaje permitió que los restos se conservaran momificados durante casi dos décadas.

La advertencia antes de morir

Poco antes de fallecer, Leigh le confesó a una amiga cercana que guardaba un secreto “terrible”, algo que nunca le perdonarían.

En ese momento, la mujer pensó que podía tratarse de una exageración o de una frase confusa producto de la enfermedad. Pero cuando las vecinas comenzaron a limpiar la casa y encontraron el paquete en el altillo, aquella advertencia cobró un sentido aterrador.

Un crimen sin condena

Tras el hallazgo, las vecinas llamaron a la Policía. Los agentes abrieron las bolsas y encontraron los restos de John Sabine, todavía con la ropa puesta.

El caso conmocionó al Reino Unido. Resultaba difícil creer que una mujer hubiera logrado ocultar el cadáver de su esposo durante 18 años sin levantar sospechas.

La autopsia confirmó que John fue víctima de un homicidio. Sin embargo, la principal sospechosa, Leigh Sabine, había muerto el 30 de octubre de 2015, menos de un mes antes de que se descubriera el cuerpo.

Esa situación dejó a los investigadores sin posibilidad de imputarla formalmente. Tampoco se logró establecer con claridad el móvil del crimen.

Los testimonios de vecinos describieron a Leigh como una mujer dominante y reservada, mientras que John fue recordado como alguien apagado y ausente, lo que habría facilitado que su desaparición no generara demasiadas preguntas.

Finalmente, la Justicia británica cerró la causa sin condenas. En el expediente quedó establecido que John Sabine fue asesinado en 1997 y que la única sospechosa era su esposa, quien murió antes de que el caso pudiera ser resuelto judicialmente.

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