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Bomberos contra el fuego y el abandono: la batalla silenciosa por salvar los bosques de Bolivia

En dos décadas, los incendios forestales arrasaron más de 62 millones de hectáreas en el país.

Entre trabas estatales y falta de insumos: la dura realidad de los bomberos que salvan los bosques bolivianos. Imagen referencial. Foto: APG.
Bolivia

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Bolivia atraviesa una crisis ambiental profunda y ya no tiene margen para soportar un desastre más. En los últimos veinte años, los incendios forestales han destruido más de 62 millones de hectáreas, transformando de forma irreversible los ecosistemas del país. Lo que antes era la autorregulación natural de bosques y sabanas es hoy una tarea de Estado urgente para proteger la biodiversidad de la acción humana. Sin embargo, en la primera línea de defensa, los bomberos enfrentan las llamas prácticamente sin condiciones, sin presupuestos adecuados y batallando contra la burocracia.

Voluntarios denuncian falta de apoyo

Combatir los incendios hoy se traduce en una palabra: prevención. Pese a ello, los grupos de rescate voluntarios afirman encontrarse desprotegidos y ninguneados por las propias autoridades.

Diego Suárez, representante de la unidad de Bomberos 'Quebracho', advierte sobre las carencias diarias a las que se enfrentan:

"Los recursos para los bomberos voluntarios siempre son carentes. Tenemos que tocar mil puertas para que a veces se abran dos o tres. A veces parecería que el Estado te ve como competencia... Necesitamos seguros médicos. No puedes importar un carro bomba porque no está dentro de los cinco años que te permite la ley, o no puedes traer equipos de protección porque en aduana te lo confiscan. Ese tipo de puertas cerradas es lo que nos hace el trabajo más difícil."

A la falta de apoyo logístico se suma un marcado déficit de personal. Según estándares internacionales de la National Fire Protection Association (NFPA) y la Asociación Internacional de Bomberos, una sociedad con un nivel óptimo de seguridad debería contar con al menos un bombero por cada mil habitantes. Tomando en cuenta que la población de Bolivia supera los 12 millones de personas, el país debería disponer idealmente de 12.000 bomberos activos y equipados. Sin embargo, la realidad indica que solo existen cerca de 4.000 en todo el territorio nacional, operando en condiciones precarias.

Álvaro Castillo, de Bomberos UUBR, recalca el rechazo de las instituciones estatales hacia el sector voluntario, que a nivel mundial representa más del 70% de la fuerza de rescate:

"El gobierno nacional, el departamental y el municipal, en vez de incentivar al voluntariado, lo han ido rechazando de manera continua. Tenemos muchas necesidades: el combustible es diario, el mantenimiento de vehículos, cámaras termográficas de mano que no tenemos, monitores de piso... No nos ayudan y encima nos ponen trabas."

Fuegos provocados y presupuestos que no alcanzan

La causa de la tragedia es directa y evitable. Los especialistas insisten en que las quemas que derivan en incendios devastadores no ocurren por accidente.

"Los incendios forestales en Bolivia no son accidentales, son provocados a raíz de una quema que se sale de control. El camino para los incendios forestales no es solo equipar, es evitar. Cosa que no se está haciendo. Vamos a tener escenarios catastróficos y esa es una realidad para la que hay que prepararse",缝 enfatiza Castillo.

Detrás de la falta de acción preventiva existe una asfixia presupuestaria estructural en los diferentes niveles de administración:

  • Nivel Central: El Ministerio de Defensa y el Viceministerio de Defensa Civil manejan un presupuesto central de apenas 6 millones de bolivianos para operativos nacionales.

  • Santa Cruz: Siendo el departamento más castigado por los incendios al año, solo dispone de 2 millones de bolivianos destinados a combatir el fuego.

  • Tarija: No cuenta con partida presupuestaria propia, salvo por un financiamiento reciente vía renta petrolera enfocado únicamente en la zona del Gran Chaco.

  • Cochabamba: Las autoridades departamentales han reconocido abiertamente que no cuentan con los fondos económicos necesarios para cubrir la magnitud de las emergencias.

Una vocación que sigue enfrentando las llamas

Pese a la precariedad, el sobreesfuerzo del voluntariado sigue siendo el último bastión frente al fuego. Los efectivos exigen que todos los niveles del Estado asuman la prevención como una política real y dejen de sostener las emergencias a costa de la salud y la seguridad de los rescatistas.

"El Estado debe entender que se deben generar recursos para darle mejores condiciones a los bomberos, tanto asalariados como voluntarios. Están mal pagos, están cansados, están enfermos... El boliviano es muy eficiente, dale un objetivo y lo va a lograr, pero le falta logística, herramientas, mejor transporte y mejor alimentación", concluye Suárez.

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