El nuevo agente de Meta puede conectarse a redes sociales, correo, música, restaurantes y tiendas para ejecutar tareas de manera autónoma.
09/09/2026 10:22
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¿Te imaginas decirle a una inteligencia artificial “reserva mi viaje” y que ella se encargue del resto? Esa es la apuesta de Meta con Muse, un nuevo agente de inteligencia artificial diseñado para funcionar como un asistente digital personal capaz de realizar acciones en nombre de sus usuarios.
La compañía presentó el agente como una de sus grandes apuestas para llevar la IA del terreno de los simples chatbots a una nueva etapa: la de sistemas capaces de tomar instrucciones y ejecutar tareas por sí mismos.
De enviar correos a reservar una mesa
Muse puede recibir instrucciones mediante una conversación, de forma similar a un chatbot, pero con una diferencia clave: no solo responde, también actúa.
Según Meta, el agente puede ayudar a enviar correos electrónicos, realizar reservaciones de viajes, comprar productos en línea y gestionar diferentes tareas desde una aplicación o incluso a través de WhatsApp.
Además, puede conectarse con servicios como Gmail, Spotify, Ticketmaster, Shopify y OpenTable, así como con Facebook e Instagram.
Esto significa que Muse podría, por ejemplo, encontrar una reserva, avisar al usuario sobre un evento que podría interesarle o facilitar una compra sin que tenga que navegar manualmente por distintas aplicaciones.
“Trabaja 24/7 en tu nombre”
Mark Zuckerberg, CEO de Meta, considera que Muse representa uno de los próximos grandes pasos de la compañía en inteligencia artificial.
El empresario ha descrito la visión de estos agentes como sistemas capaces de trabajar “24/7 en tu nombre”, con el objetivo de ayudar a las personas a cumplir sus metas y simplificar diferentes aspectos de su vida.
La idea marca un cambio importante: pasar de preguntarle a la IA “¿cómo hago esto?” a simplemente decirle “hazlo”.
¿También puede comprar por ti?
Sí. Muse puede conectarse con Stripe y Shopify, lo que permite realizar determinadas compras en nombre del usuario.
Meta señala que Muse es el primer agente de IA cubierto por las garantías y la política de devoluciones de Stripe en caso de que se produzca un error durante una compra.
Sin embargo, la propia compañía reconoce que la tecnología no es infalible y que el agente puede equivocarse.
Por eso, Meta asegura que Muse fue diseñado para mantener al usuario en control y evitar que la automatización termine convirtiéndose en una fuente de problemas.
La otra cara: privacidad y confianza
La llegada de Muse también abre una pregunta inevitable: ¿cuánta información estamos dispuestos a entregar a una IA para que haga cosas por nosotros?
El agente puede conectarse a diferentes cuentas y servicios para conocer mejor al usuario y ejecutar tareas. Meta asegura que los datos personales y el propio agente se almacenan de manera segura en sus servidores y hardware.
La compañía también habilitó un programa para que los usuarios puedan reportar errores o fallas de Muse a cambio de recompensas.
El desafío, sin embargo, será generar confianza en una tecnología que podría tener acceso a información cada vez más personal y, además, capacidad para tomar acciones concretas.
La nueva carrera de Meta
Muse es uno de los primeros productos importantes para consumidores desarrollados por Meta Superintelligence Labs, la división creada por Zuckerberg para reforzar la posición de la compañía en la carrera mundial por la inteligencia artificial.
El agente funciona con Muse Spark, el modelo de IA presentado por Meta en abril.
Aunque la compañía todavía enfrenta a competidores como OpenAI, Anthropic y Google, Meta prepara modelos más avanzados y nuevas funciones para Muse.
Entre sus próximos planes está una integración con sus gafas inteligentes, que cuentan con cámara y asistente de voz.
¿El futuro del asistente personal?
Muse representa una nueva generación de inteligencia artificial: una que no quiere limitarse a conversar contigo, sino hacer cosas por ti.
Reservar una mesa, comprar entradas, enviar un correo o realizar una compra podría convertirse en cuestión de segundos.
La gran pregunta ya no parece ser si la IA será capaz de hacerlo, sino cuánto estaremos dispuestos a dejar que haga en nuestro nombre.
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