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¿Aceite en el cabello sí o no? Así debes usarlo para evitar dañar tu pelo

Los aceites capilares pueden aportar brillo, mejorar la manejabilidad y disminuir la fricción de la fibra, pero no todos son adecuados para el cuero cabelludo. La cantidad, la zona de aplicación y el estado del cabello son claves para evitar efectos no deseados.

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El uso de aceites para cuidar el cabello es una práctica que se mantiene vigente y que volvió a ganar atención por la búsqueda de alternativas sencillas para mejorar el aspecto de la fibra capilar.

Bien utilizados, estos productos pueden ayudar a disminuir el frizz, aportar brillo, facilitar el peinado y reducir la fricción entre las fibras. Sin embargo, sus efectos dependen de cómo se utilicen y, sobre todo, de dónde se apliquen.

La información reunida por la revista ELLE plantea una diferencia importante entre la nutrición y la protección del cabello. Este enfoque coincide con recomendaciones y explicaciones de especialistas de la American Academy of Dermatology y la Cleveland Clinic.

La regla general es sencilla: lo que puede funcionar bien en las puntas no necesariamente es conveniente para el cuero cabelludo.

¿Qué beneficios pueden aportar?

Cuando se aplican principalmente sobre medios y puntas, los aceites pueden cumplir diferentes funciones dentro de una rutina capilar.

Entre sus usos más habituales están:

  • Reducir el encrespamiento o frizz.
  • Aportar brillo y una apariencia más uniforme.
  • Facilitar el desenredado y el peinado.
  • Disminuir la fricción entre las fibras.
  • Crear una capa que ayude a proteger el cabello frente al desgaste cotidiano.

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La Cleveland Clinic recomienda comenzar con cantidades pequeñas y concentrar el producto en medios y puntas, especialmente cuando el cabello está seco o presenta signos de daño.

El cuero cabelludo es otra historia

Uno de los errores más comunes consiste en asumir que, si un aceite funciona en las puntas, también debe aplicarse directamente sobre la piel de la cabeza.

No necesariamente.

La American Academy of Dermatology recomienda adaptar la rutina a las características del cabello y del cuero cabelludo, especialmente cuando existe sensibilidad, descamación u otros problemas cutáneos.

La Cleveland Clinic, por su parte, advierte que aplicar aceite directamente sobre el cuero cabelludo puede no ser conveniente en personas con caspa o tendencia a la dermatitis seborreica.

Esta precaución también ha sido señalada en literatura médica. Una revisión publicada en Skin Appendage Disorders indicó que determinados aceites de uso habitual sobre el cuero cabelludo podrían empeorar la dermatitis seborreica en algunos pacientes. Por ello, los autores plantearon priorizar su aplicación sobre el tallo capilar y no sobre la piel de la cabeza.

¿Cómo aplicar aceite en el cabello?

La clave está en no convertir el aceite en un paso automático de la rutina, sino utilizarlo con un objetivo concreto y en una cantidad moderada.

Una forma práctica de hacerlo es:

1. Desenreda primero.
Utiliza un peine de dientes anchos y evita tirar del cabello.

2. Empieza con una pequeña cantidad.
Coloca unas gotas en la palma de la mano. Siempre es más fácil añadir producto que retirar el exceso.

3. Distribuye de medios a puntas.
Evita comenzar directamente desde la raíz, especialmente si tu cuero cabelludo tiende a ser graso o presenta descamación.

4. Déjalo actuar.
Dependiendo del producto y del objetivo, puede utilizarse durante unos minutos antes del lavado o como tratamiento previo durante más tiempo.

5. Lava el cabello si quedan residuos.
Si después del tratamiento el pelo queda pesado o con exceso de producto, realiza el lavado habitual.

Imagen captura Capiclinic

Entre las recomendaciones citadas por ELLE aparecen también tratamientos previos al lavado durante varias horas o incluso durante la noche, principalmente sobre medios y puntas.

El aceite no reemplaza el cuidado frente al calor

Otro aspecto que suele pasar desapercibido es que el estado del cabello no depende únicamente del producto que se aplica.

Secadores, planchas, rizadores, cepillado y tirones también pueden contribuir al desgaste de la fibra capilar.

La American Academy of Dermatology recomienda limitar las prácticas que pueden dañar el cabello, especialmente la exposición frecuente a temperaturas elevadas y el peinado agresivo.

Por eso, una rutina más cuidadosa puede combinar:

  • Peines de dientes anchos.
  • Aplicación moderada de aceite en medios y puntas.
  • Menor temperatura durante el secado cuando sea posible.
  • Uso prudente de planchas y rizadores.
  • Lavado posterior cuando el aceite se haya utilizado como tratamiento prolongado.

Una revisión publicada en International Journal of Trichology también analiza el uso tradicional de aceites antes del lavado y su papel como lubricantes del tallo capilar, con posibles beneficios frente a la fricción y la pérdida de brillo.

No todos los cabellos necesitan lo mismo

No existe una cantidad universal ni una única forma correcta de utilizar aceites capilares.

El resultado puede variar según el tipo de cabello, su nivel de sequedad o daño, la frecuencia de lavado, la exposición al calor y las características del cuero cabelludo.

Imagen referencia Clikisalud

En un cabello seco o con daño visible, el aceite puede mejorar temporalmente su apariencia y manejabilidad. En cambio, si existe descamación o una afección del cuero cabelludo, aplicarlo directamente sobre la piel puede no ser la mejor opción.

La regla de oro: menos es más

Si quieres incorporar aceites a tu rutina, los consejos más consistentes son simples:

  • Comienza con poca cantidad.
  • Prioriza medios y puntas.
  • Observa cómo responde tu cabello.
  • Evita aplicar directamente sobre un cuero cabelludo con problemas sin orientación profesional.
  • No confundas brillo y suavidad con una reparación permanente de la fibra.

En definitiva, el aceite puede convertirse en un buen complemento para el cuidado capilar, pero no existe un producto que funcione igual para todas las personas. La clave está en elegirlo de acuerdo con la necesidad del cabello y utilizarlo sin excesos.

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