La obra de Salvatore Garau no puede verse ni tocarse, pero alcanzó un sorprendente precio en una subasta. El comprador pagó más de 18 mil dólares y recibió un certificado que acredita la adquisición.
26/09/2026 18:07
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El arte puede tomar formas inesperadas y, en algunos casos, hasta prescindir de cualquier objeto que pueda verse. Eso ocurrió con Salvatore Garau, un artista italiano que sorprendió al vender una obra que, literalmente, no puede observarse.
La pieza se llama "Io Sono" ("Yo soy") y fue presentada como una escultura inmaterial. Aunque no existe una figura visible para contemplar, la propuesta logró captar la atención de los compradores y terminó alcanzando una cifra de US$ 18.300.
Qué quiso representar Salvatore Garau
Para el artista, la propuesta no consistía simplemente en pagar por algo inexistente. Su intención fue trabajar artísticamente con el concepto de "vacío", al que buscó darle una dimensión vinculada con los pensamientos, la energía y el significado que cada persona puede encontrar en aquello que no está físicamente presente.
La obra también apunta a generar una reflexión sobre aquello que no puede verse, pero que puede adquirir un determinado sentido para quien lo contempla o piensa.
Ante las críticas que recibió por su particular creación, el artista defendió su propuesta y explicó que, justamente, lo que había vendido era ese vacío.
El comprador pagó más de lo que se esperaba
La particularidad de la obra no impidió que despertara interés durante la subasta. De hecho, el precio inicial previsto por Art-Rite se encontraba bastante por debajo del monto que finalmente alcanzó.
La venta se realizó en mayo de 2021, con una estimación de entre US$7.300 y US$11.000, las ofertas fueron elevando el valor hasta llegar a los US$18.300.
Como parte de la operación, el comprador recibió un certificado de garantía, que acreditaba la adquisición de la pieza.
Las otras obras invisibles de Garau
"Io Sono" no fue la única creación de Garau basada en esta particular forma de entender la escultura. El artista ya había presentado otras piezas vinculadas con la ausencia de un objeto visible.
Una de ellas fue "Buddha en contemplación", presentada en Milán, en un espacio determinado ubicado cerca de Piazza della Scala. La obra formó parte de las primeras piezas de esta serie de esculturas.
Otra de sus creaciones fue "Aphrodite Piange" ("Afrodita llora"), presentada en Nueva York. En este caso, la referencia física de la obra era un círculo dibujado en el suelo, que indicaba el lugar donde supuestamente se encontraba la escultura.
Una escultura que invita a imaginar
La propuesta de Salvatore Garau lleva el concepto de escultura a un terreno completamente diferente: en lugar de observar una figura, el espectador debe imaginar aquello que ocupa ese espacio.
Y así, "Io Sono" terminó demostrando que en el mundo del arte prácticamente todo puede convertirse en una obra: incluso aquello que no se puede ver. Porque, al final, si alguien estuvo dispuesto a pagar US$18.300, quizás la verdadera pregunta no sea dónde está la escultura, sino hasta dónde puede llegar el arte.
Fuente: Crónica.
