Entre la profunda tristeza, el fervor popular y las camisetas de todas las épocas, miles de hinchas colmaron el estadio de River Plate para presenciar la despedida definitiva del capitán argentino en un amistoso ante Benín.
06/10/2026 18:49
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Parece la previa de una final de Mundial: bombos, banderas gigantes y miles de camisetas con el 10 en la espalda. Pero la marea albiceleste que llega este martes al Monumental lo hace con una profunda tristeza, para presenciar un partido que nunca quiso ver: la despedida de Lionel Messi.
Desde varias horas antes del duelo de despedida ante Benín, las calles del barrio porteño de Núñez comenzaron a llenarse de familias enteras, grupos de amigos y aficionados llegados desde distintos puntos del país y del extranjero para ser testigos de una jornada histórica.
Lo hicieron con camisetas de todas las épocas del capitán argentino, desde la número 18 que utilizó en su debut ante Hungría en 2005 hasta el uniforme que lució en la coronación en Catar 2022 y el que vistió en la final del Mundial perdida ante España en julio pasado.
Vendedores ambulantes ofrecen máscaras con su rostro, banderas, gorros, pegatinas, paraguas y llaveros, mientras su imagen aparece también en bombos y hasta en un automóvil celeste y blanco que se acercó al estadio.
Entre la multitud, que se enciende cada pocos minutos al grito de "el que no salta es un inglés" o coreando el nombre del capitán, conviven varias generaciones: quienes ya eran adultos cuando Messi debutó con Argentina, quienes crecieron junto a él y quienes nunca conocieron una selección sin el astro rosarino.
Agustín Sotelo pertenece a este último grupo. Tiene 24 años, viajó desde Corrientes -en el noreste del país- y este martes vivirá una paradoja difícil de digerir: la primera vez que verá a Messi con la celeste y blanca será también la última. "Desde que tengo memoria, Messi estuvo en la selección. Desde que tengo memoria, Messi es el mejor del mundo", cuenta a EFE, y describe al futbolista de 39 años como su "superhéroe".
Su primer gran recuerdo del capitán es la Copa América de 2021, cuando finalmente lo vio celebrar un título con la absoluta después de años escuchando las críticas de generaciones anteriores. Consultado sobre el futuro del seleccionado sin su número 10, responde: "No, no quiero ni pensarlo. Para mí le da para cuatro años más. Si es por mí, que juegue hasta que no le den las piernas".
Una despedida que nadie quería
A Francisco Aguilera, la dimensión del adiós comenzó a golpearlo a medida que recorría junto a su esposa y su hijo los 1.700 kilómetros que separan la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia del estadio en Buenos Aires. "A medida que nos vamos acercando a este lugar y lo vamos palpitando, estamos cayendo en la realidad de que no lo vamos a ver más", explica a EFE.
La contradicción entre celebrar y despedirse atraviesa su relato y el de casi todos los presentes: "Es tratar de disfrutar este momento sabiendo que va a ser la última vez. Creo que para todos los que estamos acá eso es lo más difícil".
Otra de las que recorrió cientos de kilómetros fue Silvina Galanzino, llegada desde Córdoba y que encuentra en su propia historia familiar la manera más sencilla de resumir el lugar que ocupa Messi para su generación: "Es lo que fue Maradona para mi papá. No lo había entendido hasta que vivimos los últimos mundiales".
"Creo que en cada argentino y cada argentina, chiquito o grande, está esa emoción de decir 'queremos venir a despedirlo, pero no queremos que se vaya nunca'", sintetiza, y destaca el fervor que la despedida del capitán desató entre la afición, que agotó en minutos las más de 80.000 entradas disponibles, con algunos dispuestos incluso a pagar más de 1.500 dólares por un boleto en la reventa.
A las 16:00 se abrieron las puertas y la multitud que desde mucho antes se apretaba contra las vallas comenzó a volcarse hacia las tribunas, donde los esperaban varias horas de música y espectáculos antes del partido. Nadie quería perderse un minuto de una jornada que, paradójicamente, muchos hubieran preferido que no llegara nunca.
Gracias
Mara Joly, de 35 años, llegó al Monumental junto a su padre y no tenía mucho apuro por entrar. Hace más de una semana que la despedida le provoca angustia y, cuando intenta explicar qué siente ante el último partido del capitán, se emociona hasta las lágrimas. Más de una vez imaginó qué le diría si alguna vez se lo cruzara. Al final, todas las frases terminan reducidas a una palabra: "Gracias". "Messi para Argentina es todo. Es orgullo, es argentino, nos representa en todo sentido", resume.
Joly, sin embargo, se anima a mirar hacia el día después y se muestra optimista sobre la generación que deberá continuar sin el futbolista que marcó las últimas dos décadas de la selección. "Está dejando un hambre y un amor por la camiseta que en la generación que viene se nota", asegura, convencida de que Argentina seguirá teniendo "una gran selección".
Mientras se acerca la hora del partido, las tribunas se llenan, los bombos siguen sonando y el 10 se multiplica en miles de espaldas. Afuera todavía quedaban aficionados buscando una entrada; adentro, la música acompañaba una espera que nadie parecía querer acelerar.
Porque, por una vez, llegar al momento que todos vinieron a presenciar significa también acercarse al que llevan días tratando de postergar: ver por última vez a Messi con la camiseta argentina.
EFE
