Winder y Deivi, de 15 y 17 años, perdieron a su madre, su hermano menor y su abuela en los sismos que golpearon Venezuela en junio. Tras 26 días de búsqueda y con la esperanza de comenzar una nueva vida junto a su padre en Cali, otro terremoto volvió a ponerlos frente al miedo.
11/08/2026 10:04
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La historia de Winder y Deivi Delfín parece marcada por una pregunta que ninguno de los dos debería tener que hacerse a su edad: ¿dónde estarán a salvo?
Los adolescentes, de 15 y 17 años, sobrevivieron a los terremotos que sacudieron Venezuela en junio y que dejaron miles de víctimas. Pero sobrevivir tuvo un costo devastador: perdieron a su madre, a su hermano menor y a su abuela.
Durante 26 días, los hermanos y su familia buscaron los cuerpos de sus seres queridos. La tragedia y esa larga espera quedaron reflejadas en un artículo de The New York Times.
Después llegó la oportunidad de empezar de nuevo. Los jóvenes se trasladaron a Cali, Colombia, donde vive y trabaja su padre, Deivid Delfín, de 44 años. La idea era alejarse del desastre y recuperar, poco a poco, una vida que había quedado destrozada.
Pero el lunes, la historia volvió a repetirse.
El miedo volvió a entrar en casa
A las 7:34 de la mañana, un fuerte sismo de magnitud 7,4 sacudió la región.
La vivienda donde estaban los adolescentes comenzó a temblar. El miedo se apoderó de ellos y salieron corriendo.
Su padre se encontraba fuera de la casa cuando sintió el movimiento. Al enterarse de lo que ocurría, corrió de regreso para encontrar a sus hijos. Pero durante unos momentos no pudo localizarlos.
Cuando finalmente logró encontrarlos, la emoción fue inevitable.
“Se me salieron las lágrimas y todo, porque me daba miedo lo que viví ya, lo que vivieron mis hijos. No quiero que les pase nada a mis hijos”, relató.
Otra vez lejos de casa
Después de la tragedia en Venezuela, Delfín había apostado por darle a sus hijos un nuevo comienzo en Colombia. Pero la naturaleza volvió a ponerlos a prueba.
Tras el terremoto, la familia decidió permanecer fuera de la vivienda porque el miedo todavía era demasiado grande para volver a entrar.
“Pero aquí estamos bien. Nosotros estamos aquí, con vida”, dijo el padre.
Una frase sencilla, pero enorme después de todo lo que han vivido. Porque para Winder y Deivi, sobrevivir ya no significa solamente haber escapado de un terremoto.
Significa haber perdido a tres familiares, haber pasado semanas buscando sus cuerpos, haber cruzado una frontera para empezar de nuevo y, apenas un mes después, volver a correr mientras la tierra temblaba bajo sus pies.
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