Colombia está dentro de una de las regiones geológicas más activas del planeta. Allí se concentra cerca del 90% de los sismos del mundo y ocurren algunos de los terremotos y fenómenos volcánicos más impresionantes de la Tierra.
12/08/2026 9:13
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La Tierra vuelve a estremecerse y el epicentro de la noticia está en el Pacífico. Un potente terremoto de magnitud 7,4, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), sacudió el occidente de Colombia, poniendo nuevamente bajo los reflectores al llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una gigantesca zona geológica que rodea prácticamente todo el océano Pacífico.
El sismo tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad aproximada de 107 kilómetros. El movimiento provocó graves daños, víctimas y miles de personas afectadas, además de generar alarma en varias ciudades del país.
Pero ¿por qué tiembla tanto en esta región? La respuesta está muy por debajo de nuestros pies.
¿Qué es el Cinturón de Fuego del Pacífico?
También conocido como Anillo de Fuego, es una enorme franja tectónica de aproximadamente 40.000 kilómetros de longitud que bordea el océano Pacífico.
A lo largo de esta gigantesca zona se encuentran países de América, Asia y Oceanía, entre ellos Colombia, Ecuador, Perú, Chile, México, Estados Unidos, Canadá, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda.
La característica que todos comparten es una intensa actividad tectónica: varias placas de la corteza terrestre chocan, se deslizan o se hunden unas debajo de otras.
Y cuando esas placas acumulan demasiada tensión, la Tierra libera la energía de manera brusca.
Ahí nacen muchos de los terremotos que sacuden al planeta.
¿Por qué Colombia está dentro de esta zona?
La ubicación de Colombia explica buena parte de su actividad sísmica.
Frente a la costa del Pacífico, la placa de Nazca se desplaza y se introduce por debajo de la placa Suramericana, en un proceso conocido como subducción.
Este movimiento ocurre durante largos periodos y genera enormes cantidades de tensión. Cuando esa tensión finalmente se libera, puede producir un terremoto.
Por eso, aunque los terremotos no pueden predecirse con exactitud, la región occidental de Colombia es considerada una zona con importante actividad sísmica.
El lugar donde ocurre el 90% de los sismos
El Cinturón de Fuego no es solo una línea imaginaria en un mapa. Es, literalmente, una de las zonas donde la corteza terrestre está más activa.
Según explicó anteriormente a BBC Mundo Hernando Taveras, presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú, alrededor del 90% de los sismos del mundo ocurren en esta región, junto con cerca del 80% de los terremotos de mayor magnitud.
La razón está en la enorme cantidad de límites entre placas tectónicas que se concentran alrededor del Pacífico.
Las placas pueden empujarse entre sí, separarse o deslizarse lateralmente. En las zonas de subducción, una placa puede hundirse debajo de otra y acumular una gigantesca cantidad de energía.
Cuando esa energía se libera, llega en forma de ondas sísmicas.
Es como si la Tierra guardara tensión durante años, décadas o incluso siglos y, de repente, la soltara en cuestión de segundos.
Una gigantesca cadena de volcanes
El Cinturón de Fuego también concentra una impresionante cantidad de volcanes activos.
Esto tampoco es casualidad.
La subducción de las placas puede provocar que materiales del interior de la Tierra asciendan y alimenten sistemas volcánicos. Por eso, alrededor del Pacífico se encuentra una de las mayores concentraciones de volcanes del planeta.
Desde los Andes hasta Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda, la actividad tectónica mantiene en movimiento una región que parece nunca dormir.
¿Un terremoto puede despertar un volcán?
La relación entre terremotos y volcanes es más compleja de lo que parece.
El director del Centro Nacional de Prevención de Desastres de México, Hugo Delgado, explicó en una entrevista previa con BBC Mundo que un terremoto puede compararse con agitar una botella de agua mineral.
El movimiento puede modificar las condiciones dentro de un sistema volcánico y, en determinadas circunstancias, influir en la presión de los gases y los fluidos.
Sin embargo, esto no significa que cada terremoto vaya a provocar una erupción.
De acuerdo con el especialista, solo terremotos extremadamente fuertes, superiores a magnitud 9, podrían generar efectos de gran relevancia en volcanes cercanos, aunque la relación depende de las características específicas de cada sistema volcánico.
En determinados casos, un terremoto muy potente podría favorecer cambios en un volcán activo o dormido. Pero también puede ocurrir que no produzca ningún efecto significativo.
El Cinturón de Fuego del Pacífico es, en realidad, una gigantesca evidencia de que nuestro planeta está en constante movimiento.
Bajo nuestros pies, las placas tectónicas avanzan lentamente. A veces, ese movimiento es imperceptible. En otras ocasiones, la energía acumulada durante años se libera en segundos y cambia para siempre el paisaje y la vida de miles de personas.
El Cinturón de Fuego no está “despertando”: nunca estuvo dormido. Es una zona de actividad geológica permanente que nos recuerda que la Tierra, aunque parezca sólida e inmóvil, está en movimiento constante.
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