Una noche de música y alegría terminó en tragedia para la familia Saavedra Caicedo, que perdió a cuatro de sus integrantes tras el terremoto que sacudió Cali.
15/08/2026 17:54
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La noche antes del terremoto que sacudió a Colombia, Jairo Hernán Saavedra y Blanca Victoria Caicedo salieron a disfrutar de una velada de música salsa. Horas después, la pareja y dos de sus hijas trillizas, además de un tío materno, morirían sepultados bajo los escombros de su apartamento.
La tragedia ocurrió en el sur de Cali, donde seis integrantes de una misma familia se encontraban cuando el terremoto de magnitud 7,4 estremeció el centro y suroeste de Colombia el pasado 10 de agosto.
"El terremoto fue de pánico. Cuando comenzó, escuchamos todo crujir, salí de mi casa con mi esposa y desde la calle vi el edificio donde vivían las trillizas caer, otro edificio de al lado también cedió y una nube de polvo cubrió todo. Pensé que era el fin", indicó a EFE Álvaro Vargas, vecino del sector.
Al sitio llegaron vecinos y voluntarios de distintos sitios de la ciudad tratando de rescatar a la familia, pero solo Ana María, una de las trillizas, fue encontrada con vida.
Las horas pasaron y poco a poco fueron apareciendo los cuerpos de Jairo Hernán Saavedra, Blanca Victoria Caicedo y de Sofía e Isabella, las otras dos hermanas.
"Hasta el último momento mantuvimos la esperanza de encontrarla con vida. Hoy, esa esperanza se convierte en un dolor imposible de explicar", escribió en Instagram Diana March Espinosa, familiar de los Saavedra.
El último baile de la familia
Según DJ Prilla, encargado de poner la música en la discoteca 'La caldera del diablo', donde los esposos Saavedra Caicedo fueron de fiesta la noche anterior a la tragedia, la familia siempre se destacó por ser rumbera, alegre y formal.
"Jairo era un aficionado a la salsa y amante de tocar el güiro y la campana, esa noche se quedaron hasta las 12:30 am, pidieron un saludo en video a sus trillizas y estaban felices", indicó DJ Prilla a medios locales.
Siete horas después, el terremoto cambiaría para siempre la vida de Jairo y su familia.
Un barrio fantasma
Mientras la familia enfrenta el duelo, el barrio Cuarto de Legua intenta recuperar cierta normalidad entre viviendas vacías, edificios dañados y familias que regresan a los lugares donde vivían para sacar sus pertenencias.
En el punto donde estaba el edificio de los Saavedra, operarios con maquinaria pesada remueven los últimos escombros. Entre el concreto aparecen hierros retorcidos y fragmentos de lo que hasta hace unos días era una residencia familiar.
"Eran personas muy queridas, se hacían querer, eran buenos seres humanos, muy alegres. Los vamos a extrañar", dijo a EFE Diana, otra de las vecinas del sector.
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