Tras superar una dura etapa marcada por el consumo de drogas y seis años viviendo en las calles, Gustavo Azogue dedica su vida a ayudar a otras personas a iniciar un proceso de rehabilitación.
20/08/2026 11:27
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Gustavo Azogue convirtió una experiencia marcada por la adicción y el abandono en una misión de ayuda para personas que buscan salir del consumo de drogas. Durante una entrevista en El Mañanero, relató parte de su historia y explicó cómo trabaja para convencer a personas en situación de adicción de ingresar a un proceso de rehabilitación.
Azogue contó que comenzó a vivir en las calles cuando tenía apenas 13 años y permaneció durante seis años en esa situación.
“A mis 13 años yo estaba en el canal Isuto del Tercer Anillo, mientras mi mamá lloraba por mí para que salga”, relató.
Su recuperación comenzó cuando, después de varios días consumiendo sustancias, recordó momentos de su infancia junto a su familia. Ese recuerdo lo llevó a tomar una decisión que cambiaría su vida.
“En ese momento tomé la decisión de ir y tocar la puerta de mi casa y decirle a mi mamá, necesito ayuda”, contó. Posteriormente ingresó a un centro de rehabilitación.
Azogue también atribuyó parte de su historia a las dificultades que enfrentó durante su niñez. Explicó que su madre debía trabajar desde muy temprano para sostener a sus siete hijos y que, ante la ausencia de una figura paterna, no existía el acompañamiento necesario para controlar sus actividades y amistades.
Actualmente, su trabajo consiste en acercarse a personas que atraviesan situaciones de adicción y tratar de persuadirlas para que acepten ayuda. Reconoce que no es una tarea sencilla, debido a que muchas personas se encuentran dominadas por el consumo.
“Yo siempre quiero persuadirlos a ellos con mi historia, porque yo vengo de la misma vida que ellos. Entonces, yo le digo, hermano, querido, sí se puede cambiar”, explicó.
El proceso, sin embargo, no termina con el ingreso a un centro de rehabilitación. Azogue considera fundamental trabajar también con las familias para que la persona que concluye el programa encuentre un entorno distinto al regresar a casa.
“Si la familia no cambia, el alumno va a llegar a casa y va a encontrar lo mismo”, advirtió. Por ello, sostiene que la recuperación requiere también modificar el entorno familiar y preparar a los seres queridos para acompañar al paciente durante su reinserción.
La reinserción social es otro de los desafíos que identifica. Explicó que muchas personas que terminan un proceso de rehabilitación deben enfrentar dificultades para encontrar trabajo y volver a integrarse a una sociedad que, en algunos casos, puede estigmatizarlas.
Para Azogue, una de sus mayores satisfacciones es reencontrarse con personas que alguna vez estuvieron en las calles y que, después de completar un proceso de rehabilitación, regresan junto a sus familias.
“Esa es mi mayor satisfacción y verlos el día de mañana triunfando. Porque si hay esperanza para un adicto que está viviendo debajo de un canal, esperanza hubo para mí, también para ellos”, manifestó.
El programa de rehabilitación que impulsa tiene una duración de 12 meses, aunque Azogue remarcó que, desde su perspectiva, la recuperación debe mantenerse durante toda la vida y que las recaídas pueden presentarse.
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