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¿Tu cuerpo está acumulando el estrés? Estas señales pueden advertirlo

Las preocupaciones y la sobrecarga mental también pueden influir en la forma en que respiramos, nos movemos y mantenemos determinados músculos contraídos, señala la fisioterapeuta Carmen Ribera.

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Bolivia

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¿Alguna vez terminaste un día difícil con los hombros duros, la mandíbula apretada o el cuello completamente tenso? No siempre se trata de una mala postura o de un esfuerzo físico. La manera en que enfrentamos el estrés también puede modificar cómo mantenemos y movemos nuestro cuerpo.

Carmen Ribera, fisioterapeuta, explica que las preocupaciones, la sobrecarga mental y las emociones pueden llevarnos a mantener ciertos músculos en tensión durante largos períodos.

“Cuando atravesamos períodos de tensión, muchas veces apretamos la mandíbula, elevamos los hombros, contraemos el abdomen, modificamos nuestra respiración o mantenemos determinadas zonas del cuerpo en alerta durante mucho tiempo”, explicó Ribera.

Con el tiempo, esa tensión sostenida puede convertirse en rigidez, molestias y contracturas.

La especialista recomienda prestar atención a algunas señales que pueden revelar que el cuerpo está acumulando tensión:

  • Mandíbula apretada o sensación de tensión en el rostro.
  • Hombros elevados o rígidos durante buena parte del día.
  • Respiración más superficial o acelerada.
  • Abdomen contraído sin darse cuenta.
  • Cuello y espalda rígidos después de períodos de estrés.
  • Molestias que aparecen o aumentan durante jornadas de mucha presión.

Desde una mirada integral, Ribera plantea que estas señales también pueden servir para preguntarnos cómo estamos viviendo, aunque aclara que no existe una relación automática entre una emoción y un determinado dolor. 

Por eso, el trabajo físico consciente puede convertirse en una herramienta para romper ese círculo. Ribera menciona recursos como el movimiento, la respiración, la masoterapia y el contacto consciente, que permiten volver a prestar atención a sensaciones que muchas veces ignoramos durante la rutina.

El masaje también permite trabajar tejidos como la fascia, una red de tejido conectivo que recubre y conecta distintas estructuras del cuerpo.

Para la fisioterapeuta, la clave no está solamente en “quitar una contractura”, sino en aprender a reconocer las señales antes de que el malestar se vuelva constante.

“Muchas veces esperamos a que el cuerpo grite para empezar a escucharlo”, sostiene Ribera.

La idea, entonces, es dejar de esperar a que aparezca el dolor para recién prestar atención al cuerpo y convertir el movimiento, la respiración y el descanso en parte del cuidado cotidiano.

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