Las preocupaciones y la sobrecarga mental también pueden influir en la forma en que respiramos, nos movemos y mantenemos determinados músculos contraídos, señala la fisioterapeuta Carmen Ribera.
13/09/2026 11:42
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¿Alguna vez terminaste un día difícil con los hombros duros, la mandíbula apretada o el cuello completamente tenso? No siempre se trata de una mala postura o de un esfuerzo físico. La manera en que enfrentamos el estrés también puede modificar cómo mantenemos y movemos nuestro cuerpo.
Carmen Ribera, fisioterapeuta, explica que las preocupaciones, la sobrecarga mental y las emociones pueden llevarnos a mantener ciertos músculos en tensión durante largos períodos.
“Cuando atravesamos períodos de tensión, muchas veces apretamos la mandíbula, elevamos los hombros, contraemos el abdomen, modificamos nuestra respiración o mantenemos determinadas zonas del cuerpo en alerta durante mucho tiempo”, explicó Ribera.
Con el tiempo, esa tensión sostenida puede convertirse en rigidez, molestias y contracturas.
La especialista recomienda prestar atención a algunas señales que pueden revelar que el cuerpo está acumulando tensión:
Desde una mirada integral, Ribera plantea que estas señales también pueden servir para preguntarnos cómo estamos viviendo, aunque aclara que no existe una relación automática entre una emoción y un determinado dolor.
Por eso, el trabajo físico consciente puede convertirse en una herramienta para romper ese círculo. Ribera menciona recursos como el movimiento, la respiración, la masoterapia y el contacto consciente, que permiten volver a prestar atención a sensaciones que muchas veces ignoramos durante la rutina.
El masaje también permite trabajar tejidos como la fascia, una red de tejido conectivo que recubre y conecta distintas estructuras del cuerpo.
Para la fisioterapeuta, la clave no está solamente en “quitar una contractura”, sino en aprender a reconocer las señales antes de que el malestar se vuelva constante.
“Muchas veces esperamos a que el cuerpo grite para empezar a escucharlo”, sostiene Ribera.
La idea, entonces, es dejar de esperar a que aparezca el dolor para recién prestar atención al cuerpo y convertir el movimiento, la respiración y el descanso en parte del cuidado cotidiano.
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