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Cómo saber si un huevo está en buen estado más allá de la prueba del agua, según experta

El peligro de confiar en la prueba del agua: lo que revela realmente este truco casero sobre los huevos, el método definitivo para comprobar su frescura y cómo conservarlos de forma correcta.

Cómo saber si un huevo está en buen estado más allá de prueba del agua. Foto: AFP
Bolivia

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Un huevo sumergido en un vaso de agua puede hundirse, quedar inclinado o flotar. Durante años, esta prueba casera se ha utilizado como una forma rápida de comprobar si el alimento todavía está en condiciones de consumirse. Sin embargo, aunque el comportamiento del huevo en el agua ofrece pistas sobre su antigüedad, no permite determinar por sí solo si es seguro para comer.

María del Mar Fernández, ingeniera agrónoma y directora del Instituto de Estudios del Huevo de España, advierte que no es recomendable recurrir a este método para evaluar la frescura. Según explica, la flotación está relacionada con los cambios que experimenta el huevo a medida que envejece, pero no constituye una prueba definitiva de su estado.

Entonces, ¿qué conviene observar antes de consumirlo y cómo se debe conservar para mantener su calidad? La especialista propone prestar atención a sus características y, sobre todo, evitar prácticas que puedan comprometer su conservación.

¿Por qué algunos huevos flotan en el agua? La explicación está en lo que sucede dentro de la cáscara con el paso del tiempo. Cuando el huevo envejece, pierde parte de su agua a través de los poros de la cáscara y, al mismo tiempo, aumenta la cantidad de aire en su interior. Esto hace que la cámara de aire —un espacio ubicado dentro del huevo— se vuelva cada vez más grande y modifique su comportamiento al sumergirlo. Sin embargo, Fernández señala que la prueba solo resulta eficaz para identificar huevos muy viejos. Es decir, puede aportar información sobre su envejecimiento, pero no ofrece una evaluación completa de su calidad ni de su seguridad alimentaria.

Una alternativa para evaluar su frescura es prestar atención a su aspecto una vez que se rompe la cáscara, preferiblemente en un recipiente aparte antes de incorporarlo a una preparación. En un huevo fresco, la clara presenta dos zonas diferenciadas: una más densa y gelatinosa, que conserva su forma alrededor de la yema, y otra más líquida. Con el paso del tiempo, la parte más consistente pierde firmeza y ambas zonas se vuelven menos distinguibles.

La yema también experimenta cambios. Cuando el huevo es fresco, suele mantener una forma redondeada y elevada. A medida que envejece, puede aplanarse y perder consistencia. La cámara de aire es otro indicador relacionado con la antigüedad del producto: suele ser más pequeña en los huevos frescos y aumenta a medida que se pierde agua y entra aire a través de la cáscara.

De todos modos, estas características permiten evaluar principalmente la frescura. El aspecto del huevo no garantiza por sí solo que esté libre de microorganismos que puedan causar enfermedades. Por eso, también es importante respetar las fechas de consumo, mantener una conservación adecuada y cocinarlo de forma segura. Si al abrirlo presenta un olor desagradable o un aspecto claramente anormal, lo prudente es descartarlo.

Cómo conservar los huevos para que mantengan su frescura

Fernández aconseja mantener los huevos refrigerados, a una temperatura cercana a los 5 °C, y retirarlos únicamente cuando se vayan a utilizar. También recomienda conservarlos en su envase original, que ayuda a protegerlos y permite consultar información como la fecha de consumo, y evitar los cambios bruscos de temperatura.

Estas medidas ayudan a mantener la calidad del alimento y a reducir los riesgos asociados con una manipulación inadecuada. La prueba del agua puede revelar cambios relacionados con su antigüedad, pero no sustituye las buenas prácticas de conservación, la revisión de su estado ni una cocción adecuada.


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