Especialistas advierten que la fatiga persistente en personas con rutinas ordenadas podría ser consecuencia de la 'carga alostática', un estado biológico donde el estrés crónico impide al cuerpo recuperar energías incluso durante el sueño.
20/08/2026 17:31
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Dormir ocho horas y levantarse como si no se hubiera pegado un ojo dejó de ser una queja aislada para convertirse en un fenómeno creciente. En un mundo donde la eficiencia parece ser la norma, muchas personas que mantienen rutinas ordenadas, alimentación cuidada y horarios estrictos, se enfrentan a un enemigo invisible: un cansancio persistente que no cede ante el descanso.
El problema, según expertos, no siempre reside en la calidad de la almohada o en la falta de horas de sueño, sino en un concepto técnico que está cobrando relevancia: la carga alostática. Se trata, en esencia, del precio biológico que paga nuestro cuerpo por vivir en un estado de alerta permanente, según publica Infobae.
El cuerpo que no sabe apagarse
La alostasis es la capacidad natural del organismo para adaptarse a las demandas del entorno. Para lograrlo, libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, aumenta la frecuencia cardíaca y nos prepara para "luchar o huir". Sin embargo, el problema surge cuando el sistema no logra regresar a su estado basal.
El neuroendocrinólogo Bruce McEwen definió la carga alostática como el desgaste acumulado que deja una adaptación permanente al estrés. Es, literalmente, el "costo de no poder apagarse". Este desgaste no se limita al cerebro; impacta en la presión arterial, altera el metabolismo de la glucosa, genera procesos inflamatorios y deteriora funciones cognitivas clave como la memoria y el aprendizaje.
La ciencia detrás del insomnio crónico
Un estudio publicado en 2025 en el Journal of Psychosomatic Research arrojó luz sobre esta relación. Tras analizar a más de 5.000 adultos, los investigadores descubrieron que los niveles elevados de carga alostática están directamente vinculados a mayores dificultades para dormir. Casi el 30% de los participantes reportaron problemas de sueño, lo que sugiere que la desregulación fisiológica acumulada está saboteando nuestra capacidad de recuperación nocturna.
"El descanso pierde eficacia y el cansancio deja de explicarse solo por la falta de horas de sueño cuando la activación se mantiene por largos períodos", señalan los expertos.
¿Cuándo es necesario consultar a un profesional?
Si bien el estrés crónico es una causa frecuente, los especialistas advierten que no debe normalizarse el cansancio que persiste. La Mayo Clinic y otros centros de referencia sugieren que si tras dos semanas de corregir hábitos (dieta, hidratación, reducción de estrés) la fatiga no mejora, es momento de buscar ayuda médica.
Condiciones como la encefalomielitis miálgica, conocida como síndrome de fatiga crónica, son ejemplos de cuadros clínicos donde el sueño deja de ser reparador y el esfuerzo mínimo provoca un agravamiento de los síntomas. El cansancio crónico puede ser también un indicador de anemia, alteraciones tiroideas, deficiencias nutricionales o trastornos del estado de ánimo.
En definitiva, levantarse agotado cada mañana no es un problema de "falta de voluntad" ni de mala organización. Es una señal del cuerpo que nos indica que el desgaste ha superado nuestra capacidad de recuperación, recordándonos que, a veces, para estar bien, primero hay que entender qué es lo que nos está desgastando por dentro.
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