Pasar horas saltando entre pantallas, mensajes, alertas y tareas puede aumentar la fatiga mental.
25/08/2026 11:45
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Vivimos conectados casi todo el tiempo. Cerramos una pestaña de trabajo, respondemos un mensaje de WhatsApp, revisamos una notificación, miramos las redes sociales y, antes de terminar una tarea, ya estamos pensando en la siguiente.
Al final del día aparece una sensación conocida: “No doy más”.
Y aunque muchas veces pensamos que el cansancio se debe simplemente a tener demasiadas cosas que hacer, el problema también puede estar en cómo utilizamos nuestra atención y nuestra energía mental.
El cerebro necesita pausas. No necesariamente vacaciones de un mes ni largas sesiones de meditación: en muchos casos, pequeños descansos distribuidos durante la jornada pueden ser una herramienta mucho más realista.
El cerebro no hace multitarea como creemos
Uno de los grandes mitos de la vida moderna es que somos capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo.
En realidad, cuando alternamos constantemente entre tareas, el cerebro debe cambiar de foco una y otra vez. Ese proceso tiene un costo cognitivo conocido como switching cost o costo de cambio.
Pasar de un informe al celular, del celular a un correo y del correo nuevamente al informe no significa que el cerebro esté realizando todo simultáneamente. Está cambiando rápidamente de una tarea a otra.
Esa fragmentación puede aumentar la sensación de agotamiento y dificultar la concentración.
El problema se multiplica cuando las interrupciones son constantes: notificaciones, llamadas, mensajes, redes sociales y alertas que reclaman nuestra atención durante todo el día.
El resultado puede ser una jornada en la que estuvimos ocupados durante horas, pero terminamos con la sensación de no haber avanzado realmente en nada.
Microdescansos: pequeñas pausas para recuperar la atención
Aquí aparece una estrategia sencilla: los microdescansos.
Se trata de pausas breves, generalmente de unos pocos minutos, que permiten cambiar temporalmente el foco y darle un respiro a la atención.
Una opción práctica es detenerse entre 2 y 5 minutos aproximadamente cada hora, especialmente durante períodos de trabajo intenso.
Pero hay una condición importante:
Mirar redes no es descansar
Cambiar una pantalla por otra no necesariamente permite que el cerebro descanse.
Si después de trabajar frente a la computadora tomamos el teléfono para revisar TikTok, Instagram, WhatsApp o las noticias, seguimos exigiendo atención y procesamiento de información.
Un descanso más efectivo puede consistir en:
La idea no es llenar la pausa con otra actividad, sino cambiar el tipo de demanda que recibe el cerebro.
La luz de la mañana también importa
Otro hábito sencillo puede comenzar incluso antes de sentarse a trabajar: recibir luz natural durante la mañana.
La luz es uno de los principales reguladores del ritmo circadiano, el sistema que ayuda al organismo a organizar los ciclos de sueño y vigilia.
Por eso, exponerse a la luz natural después de despertarse puede ayudar a darle al organismo una señal clara de que comienza el día.
No es necesario mirar directamente al sol. De hecho, nunca se debe mirar directamente al sol, porque puede dañar los ojos.
Una alternativa sencilla es salir a caminar, desayunar cerca de una ventana o pasar unos minutos al aire libre.
Pequeñas estrategias que puedes probar
No hace falta convertir la rutina en una lista interminable de técnicas. De hecho, intentar aplicar demasiados métodos puede terminar generando más presión.
Algunas opciones simples son:
Técnica Pomodoro
Trabajar durante unos 25 minutos con concentración y realizar después una pausa breve. El tiempo puede adaptarse a las necesidades de cada persona.
Una hora sin notificaciones
Activar el modo “No molestar” durante un período determinado para reducir interrupciones innecesarias.
Descanso activo
En lugar de revisar el teléfono durante la pausa, levantarse, caminar, estirarse o simplemente mirar por la ventana.
Descansar la vista
Durante el trabajo prolongado frente a pantallas, mirar periódicamente hacia un punto lejano puede ayudar a reducir la fatiga visual.
El descanso no debería comenzar cuando ya estamos agotados
Uno de los mayores problemas de la cultura de la hiperproductividad es que muchas personas esperan hasta estar completamente exhaustas para descansar.
Pero el descanso no debería ser únicamente una respuesta al agotamiento.
Así como un vehículo necesita mantenimiento antes de averiarse, nuestro sistema nervioso también necesita momentos de recuperación durante la jornada.
El objetivo de los microdescansos no es trabajar menos ni ser menos productivos. Es evitar que la atención permanezca durante horas en un estado de exigencia constante.
Cansancio persistente: no todo se soluciona con pausas
Es importante hacer una distinción.
Sentirse cansado después de una jornada intensa es normal. Pero un cansancio persistente, intenso o inexplicable puede tener muchas causas y no debería atribuirse automáticamente al exceso de pantallas o al estrés.
Problemas de sueño, determinadas enfermedades, medicamentos, alteraciones del estado de ánimo y otros factores también pueden provocar fatiga.
Si el cansancio es intenso, dura semanas o interfiere con la vida cotidiana, conviene consultar con un profesional de salud.
La clave no es hacer más
Vivimos rodeados de consejos, aplicaciones, técnicas y videos que prometen convertirnos en personas más productivas.
Pero quizás la respuesta sea mucho más sencilla.
No necesitamos llenar cada minuto con una actividad.
A veces, cerrar la computadora, dejar el teléfono, levantarse y mirar por la ventana durante cinco minutos puede ser mucho más útil que buscar otra fórmula para rendir más.
Porque descansar no es perder el tiempo: también es parte de cuidar nuestra capacidad para pensar, concentrarnos y vivir el día con menos agotamiento.
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