A través del reciclaje y largas caminatas, Angélica Quisbert ha tejido una red de amor para los seres más desprotegidos de su zona.
12/05/2026 20:55
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En el corazón de la zona Santos Dumont, en Santa Cruz, Angélica Quisbert, una mujer de 80 años, desafía el tiempo y el cansancio para cumplir una misión que inició hace 15 años. Cada día recorre varias cuadras desde su hogar hacia tres puntos estratégicos donde perros y gatos abandonados aguardan su llegada.
Compromiso que desafía el tiempo
Su jornada no conoce de pausas ni de climas adversos, cargando siempre una olla de comida casera y bolsillos repletos de croquetas balanceadas.
"Hago lo posible por prepararles su comidita y traerles, que coman porque de todo animal a mí me da pena", afirma Quisbert con una convicción que conmueve a los vecinos.
Para financiar esta labor, la abuelita recolecta y recicla latas, transformando los residuos de la ciudad en el sustento vital de quienes no tienen voz. Sobre su esfuerzo físico, ella asegura con vitalidad: "No me canso, a mí me hace mejor caminar; busco latas para reciclar y conseguir dinero para los animalitos".
Un vínculo que trasciende la calle
La conexión de Angélica con sus protegidos es tan profunda que nota de inmediato cualquier ausencia en su ronda diaria por las calles cruceñas. "Me da pena si no aparece alguno, pregunto si lo han visto y terminando la jornada me voy a descansar", concluye la abuelita.
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