La avena destaca por su aporte de fibra soluble, mientras que el huevo conserva importantes nutrientes y no tiene por qué quedar fuera de la mesa.
10/09/2026 9:38
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¿Avena o huevo? La elección puede parecer sencilla, pero cuando se trata de cuidar el colesterol, la respuesta no depende únicamente de uno u otro alimento.
Durante años, el huevo fue señalado por su contenido de colesterol dietario, mientras que la avena ganó fama como una aliada de la salud cardiovascular. Sin embargo, la evidencia más reciente pone el foco en un factor clave: la grasa saturada y el conjunto de alimentos que forman el plato.
De acuerdo con información publicada por Men’s Health, que citó a la dietista Lauren Manaker y retomó un ensayo clínico publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, ambos alimentos pueden formar parte de una alimentación equilibrada, aunque tienen efectos diferentes.
La avena tiene una ventaja frente al LDL
La avena contiene betaglucano, un tipo de fibra soluble que puede ayudar a disminuir el colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”.
Según Manaker, esta fibra favorece la eliminación de sustancias que el organismo utiliza durante la digestión. Como consecuencia, el hígado puede recurrir al colesterol circulante para producirlas nuevamente, lo que contribuye a reducir sus niveles en la sangre.
La especialista citó un metaanálisis de 13 ensayos clínicos, en el que el consumo de betaglucano de avena se relacionó con una reducción promedio de aproximadamente 10 mg/dL en el colesterol LDL de personas con niveles elevados.
El análisis también encontró una disminución del colesterol total, mientras que el HDL y los triglicéridos presentaron pocos cambios.
El huevo no tiene por qué ser el enemigo
El huevo, por su parte, continúa siendo una fuente importante de proteínas, colina y luteína, además de contribuir a la sensación de saciedad.
Aunque durante décadas su colesterol dietario generó preocupación, investigaciones recientes han puesto el foco en otro componente: la grasa saturada.
El ensayo clínico citado encontró una asociación más consistente entre el consumo de grasa saturada y niveles elevados de LDL, mientras que el colesterol presente en los huevos no explicó por sí solo ese aumento.
Esto cambia la manera de mirar el desayuno. No es lo mismo comer un huevo acompañado de tocino, salchichas y abundante mantequilla que combinarlo con pan integral, frutas o verduras.
La clave está en lo que acompaña al alimento
La misma lógica se aplica a la avena. Una porción puede ser una buena alternativa, pero su perfil nutricional cambia si se acompaña con grandes cantidades de azúcar o ingredientes ricos en grasas saturadas.
Por eso, más que enfrentar a la avena contra el huevo, la recomendación apunta a observar cómo está compuesto el desayuno completo.
Si el objetivo específico es reducir el colesterol LDL, la avena tiene una ventaja porque cuenta con un mecanismo identificado y evidencia que respalda el efecto de su fibra soluble.
Eso, sin embargo, no significa que el huevo deba desaparecer del desayuno.
Manaker señaló que la Asociación Americana del Corazón considera que las personas sanas pueden incluir hasta un huevo entero al día dentro de un patrón de alimentación cardiosaludable.
En personas con colesterol LDL elevado u otros factores de riesgo cardiovascular, es importante prestar mayor atención al conjunto de la alimentación, especialmente al consumo de grasas saturadas.
Entonces, ¿avena o huevo?
La respuesta depende del objetivo.
Para ayudar a reducir el LDL, la avena tiene mayor respaldo. Pero si la pregunta es si el huevo debe eliminarse del desayuno por su contenido de colesterol, la evidencia no respalda una prohibición automática.
La conclusión es sencilla: no se trata de declarar un ganador, sino de mirar el plato completo. Una alimentación equilibrada, con fibra, proteínas y un consumo moderado de grasas saturadas, sigue siendo la pieza fundamental para cuidar la salud cardiovascular.
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