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El ciclo sin fin de las parejas intermitentes: ¿por qué romper y volver puede volverse adictivo?

Un análisis psicológico revela que las relaciones marcadas por constantes idas y vueltas no responden a la indecisión, sino a una profunda inseguridad afectiva y a la dificultad de gestionar las crisis emocionales.

El ciclo sin fin de las parejas intermitentes: ¿por qué romper y volver puede volverse adictivo? Foto de Oziel Gómez en Unsplash
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Las relaciones de pareja caracterizadas por constantes rupturas y reconciliaciones —el clásico ciclo de "cortar, volver y repetir"— responden a complejas dinámicas psicológicas que van mucho más allá de una simple falta de compromiso. Según el psicólogo clínico Esteban Azumendi, especialista en Terapia Focalizada en las Emociones (TFE), este fenómeno se sustenta en un ciclo de inseguridad y apego.

La trampa de la inseguridad afectiva

Para que un vínculo funcione de manera saludable, es fundamental contar con una base segura de disponibilidad, receptividad e involucramiento emocional. Sin embargo, en las parejas intermitentes esta base es extremadamente frágil y se quiebra ante la más mínima presión, según publica Clarín.

  • La ruptura como salida extrema: Ante las dificultades para procesar las crisis y reparar las desconexiones emocionales, la separación se utiliza como una solución drástica.

  • El miedo a la soledad: Pasado un tiempo, la distancia genera extrañamiento y temor a la soledad, lo que empuja a la pareja al reencuentro sin haber adquirido herramientas para resolver sus conflictos previos.

  • Pequeños traumas acumulados: Cada separación actúa como un "mini trauma" que deja marcas en la memoria de la relación, debilitando la ilusión de disponibilidad mutua.

¿Adicción al ciclo o amor profundo?

Uno de los motores más poderosos de esta dinámica es la idealización y la intensidad emocional. Cuando las parejas no logran calibrar las desatenciones cotidianas, se aferran a la nostalgia de un momento idealizado.

Esta montaña rusa emocional puede volverse adictiva, confundiendo la intensidad del ciclo con un amor profundo. “El amor es una exposición segura y serena con un otro. Su profundidad no se mide solo por cuánto se extraña al otro, sino por el rango de apertura y sinceridad emocional”, explica el especialista.

El impacto cultural y el uso de las aplicaciones

En el contexto actual, marcado por la presencia de aplicaciones de citas y cambios culturales, estos vínculos intermitentes se han vuelto más frecuentes. A menudo, las plataformas digitales funcionan como una "anestesia" o un bypass para evitar procesar la desconexión real, distrayendo temporalmente a la persona con nuevas interacciones.

Asimismo, Azumendi advierte sobre el tabú contemporáneo de hablar abiertamente de las expectativas y de preguntar "qué somos". Muchas personas evitan esta conversación por temor a parecer "intensas", reprimiendo una necesidad biológica fundamental del cerebro humano: la seguridad emocional.

“Solo es reprochable la falta de honestidad, no la falta de interés”, concluye el experto, destacando que conocer las intenciones del otro es un derecho básico para decidir el nivel de apertura emocional en la pareja.

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