Mientras continúa el debate sobre una posible nivelación del pasaje, transportistas denuncian que decenas de unidades a diésel permanecen fuera de servicio por el elevado costo y la escasez del combustible.
02/10/2026 15:47
Escuchar esta nota
El debate por el precio del pasaje continúa entre reuniones, reclamos y discusiones en el Concejo Municipal, pero en las calles el problema ya tiene otro rostro: micros parados por el elevado costo que representa operar con este combustible.
La combinación entre la eliminación de la subvención y las dificultades de abastecimiento obligó a varios transportistas a dejar fuera de circulación sus unidades.
En uno de los depósitos visitados se contabilizaron alrededor de 50 micros a diésel que permanecen paralizados.
“Están como ven, todos parados. Los que están al fondo también están parados”, relató uno de los conductores.
Operar a diésel puede costar hasta Bs 900 al día
Mientras las unidades a diésel permanecen detenidas, los vehículos adaptados para funcionar con gas se han convertido en una alternativa más económica para algunos operadores.
Un transportista explicó que actualmente gasta aproximadamente Bs 200 diarios en gas, mientras que si trabajara exclusivamente con diésel estima que el gasto podría alcanzar los Bs 900 por día.
“Cerca de 200 bolivianos gasto de gas. Si fuera a diésel, por lo menos 900, creería”, explicó.
La diferencia evidencia el impacto que tiene el combustible en los costos diarios del transporte público.
Subir el pasaje tampoco convence a todos
Sin embargo, dentro del propio sector no existe una posición uniforme sobre un eventual incremento de tarifas.
Choferes asalariados advirtieron que, cuando aumenta el precio del pasaje, los propietarios de las líneas o vehículos suelen incrementar también la renta o liquidación diaria que deben entregar los conductores.
“Nosotros como choferes subimos el pasaje, obviamente subimos la renta. No nos beneficia demasiado. Más a los dueños”, explicó uno de los trabajadores.
Una doble presión para los transportistas
La coyuntura deja en evidencia dos problemas paralelos.
Por un lado, la dificultad de mantener operativas las unidades que funcionan a diésel debido al precio y al abastecimiento.
Por otro, la preocupación de los choferes asalariados, que temen que una eventual nivelación del pasaje no se traduzca en mejores ingresos, sino en mayores obligaciones económicas con los propietarios de los vehículos.
Mientras continúan las reuniones y negociaciones sobre las tarifas, parte del transporte público permanece fuera de servicio y el sector sigue buscando alternativas para reducir sus costos de operación.
