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¿Sabes escuchar a tu cuerpo? Las señales que pueden pedirte una pausa

Aprender a observar el cuerpo, las emociones y los pensamientos puede favorecer el autocuidado sin sustituir los controles médicos ni la atención profesional.

Tensión, cansancio, insomnio, agotamiento o falta de energía. Foto: AFP
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Tensión, cansancio, insomnio, agotamiento o falta de energía. A veces seguimos adelante ignorando estas señales hasta sentir que ya no podemos más. Pero ¿qué pasaría si aprendiéramos a observar nuestro cuerpo antes de llegar al límite?

La terapeuta Carmen Ribera invita a mirar con mayor atención esas pequeñas señales que aparecen durante el día y que muchas veces pasamos por alto. Para ella, aprender a observar el cuerpo, las emociones y los pensamientos puede convertirse en una herramienta de autocuidado.

Hay una frase que resume esta mirada: “el cuerpo habla”.

Sin embargo, Carmen Ribera aclara que esto no significa que cada dolor esconda una enfermedad ni que todas las enfermedades sean consecuencia de nuestros pensamientos o emociones.

La salud depende de múltiples factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Además, algunas enfermedades pueden desarrollarse inicialmente sin presentar síntomas.

Por eso, la propuesta de Ribera no es interpretar cada molestia por cuenta propia, sino aprender a reconocer cuándo algo cambia respecto a nuestro estado habitual.

Cuando algo empieza a cambiar

Dormimos peor, estamos constantemente cansados, sentimos los músculos tensos, nuestra respiración se acelera ante determinadas situaciones, nos cuesta concentrarnos o sentimos que ya no tenemos la misma energía.

Estas manifestaciones pueden tener diferentes causas y no deben utilizarse para realizar autodiagnósticos.

Según Carmen Ribera, reconocer que nuestro cuerpo está funcionando de una manera diferente puede ser una oportunidad para detenernos y preguntarnos qué necesitamos.

Pensamiento, emoción y cuerpo están relacionados

Lo que ocurre emocionalmente también puede manifestarse físicamente.

El estrés, por ejemplo, puede estar acompañado de tensión muscular, dificultades para dormir, dolor de cabeza, cambios digestivos o alteraciones en la respiración.

Ribera plantea observar estas respuestas con atención, pero sin culparnos por lo que sentimos ni asumir que una emoción es automáticamente la causa de una enfermedad.

La relación entre mente y cuerpo es mucho más compleja. Por eso, la terapeuta propone una mirada basada en la observación y el autocuidado, sin juzgarnos.

Los cinco elementos como una metáfora

Carmen Ribera también utiliza una representación simbólica basada en cinco elementos: aire, fuego, agua, tierra y éter.

El aire representa la mente, las ideas y los pensamientos.

El fuego, la acción, la voluntad y el enfoque.

El agua, las emociones, el movimiento y nuestra capacidad de adaptarnos.

La tierra, aquello que finalmente toma forma y se materializa.

Y el éter, el espacio que integra y contiene a los demás elementos.

Ribera plantea estos elementos como una metáfora para reflexionar sobre nuestros procesos personales, no como una explicación médica del funcionamiento del organismo.

Cinco preguntas para empezar a escucharte

La propuesta de Carmen Ribera puede comenzar con algo tan sencillo como detenernos unos minutos y preguntarnos:

¿Qué estoy pensando?

¿Qué estoy sintiendo?

¿Cómo está mi respiración en este momento?

¿Qué situación estoy sosteniendo desde hace demasiado tiempo?

¿Lo que estoy haciendo diariamente contribuye a mi bienestar o me está agotando?

No es necesario encontrar todas las respuestas inmediatamente. Para Ribera, reconocer lo que ocurre dentro de nosotros ya puede ser un primer paso para hacer cambios.

Cuidarse también está en lo cotidiano

Meditar, caminar, realizar actividad física, respirar conscientemente, pasar tiempo en la naturaleza, crear, descansar y mantener relaciones saludables pueden formar parte de una rutina de bienestar.

Pero Carmen Ribera también destaca la importancia de aspectos concretos como dormir suficientemente, alimentarnos adecuadamente, realizar controles preventivos y consultar con profesionales de la salud cuando aparece un síntoma persistente o preocupante.

Porque escuchar al cuerpo no significa interpretar por nuestra cuenta cada dolor.

Antes de que el cuerpo tenga que “gritar”, aprendamos a prestar atención cuando apenas está “susurrando”.


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