Un milimétrico desvío imperceptible para el ojo humano desató una de las decisiones más trascendentales y comentadas en la historia del arbitraje virtual.
03/07/2026 18:17
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El periodismo deportivo internacional no tardó en calificar la anulación del último gol de Croacia frente a Portugal como una intervención sin precedentes dentro del balompié moderno. Cuando el partido de dieciseisavos de final agonizaba con una victoria lusa por 2 a 1, el defensor Josko Gvardiol consiguió anotar el tanto del empate que forzaba la prórroga, desatando la euforia croata y la frustración en el rostro de Cristiano Ronaldo, quien ya se encontraba en el banquillo tras anotar previamente. Sin embargo, el silbante noruego Espen Eskas detuvo los festejos para revisar un posible fuera de juego en la jugada previa, abriendo una enorme incógnita sobre si el atacante Igor Matanovic había llegado a rozar el esférico con la cabeza.
Tras analizar las imágenes en el monitor una y otra vez sin obtener una toma visual completamente concluyente, la transmisión oficial reflejó un pico en la señal gráfica, de manera similar al sistema utilizado en el críquet profesional. El gol fue anulado por posición adelantada debido a este contacto microscópico, provocando la indignación de los aficionados en las tribunas y sentenciando la eliminación de la delegación balcánica, lo que representa el final de la trayectoria mundialista para la leyenda de 40 años, Luka Modric. Mientras el seleccionador croata Zlatko Dalic cargó con dureza contra el sistema asegurando que la tecnología mata las emociones del deporte, el estratega de Portugal, Roberto Martínez, defendió la precisión del veredicto argumentando que las pelotas actuales cuentan con herramientas incuestionables.
La clave de esta milimétrica resolución radica en el interior del balón oficial Trionda, desarrollado por la firma Adidas. El esférico cuenta con el sistema Connected Ball, el cual incorpora una unidad de medición inercial (IMU), un dispositivo de alta tecnología que pesa apenas unos gramos y se encuentra alojado en el centro del balón, suspendido mediante un sistema de tensores y equilibrado con contrapesos en los paneles internos para no alterar la trayectoria ni el centro de masa de la pelota. Esta herramienta microscópica trabaja con inteligencia artificial y recopila datos de movimiento a una frecuencia de 500 hercios, registrando cualquier contacto físico leve, ya sea con el botín, la mano o la cabeza, exactamente 500 veces por segundo y con una precisión temporal de apenas dos milisegundos.
Toda esta información recolectada de forma inalámbrica se cruza de inmediato y en tiempo real con una docena de cámaras de alta definición distribuidas en la cubierta del estadio, las cuales registran la posición exacta de los 22 futbolistas 50 veces por segundo. El ecosistema tecnológico permite determinar la ubicación exacta de los cuerpos en el terreno de juego en el instante preciso en que el sensor detecta una variación en la aceleración del esférico generada por un toque. Aunque este chip ya ha tenido aplicaciones en torneos previos como el Mundial de 2022 y la Eurocopa de 2024, la FIFA destacó que esta tecnología no solo ofrece un nivel de datos sin precedentes para agilizar los fallos del VAR, sino que además recopila métricas adicionales para los aficionados en las retransmisiones, tales como la potencia exacta de los disparos y los efectos de rotación impresos en cada jugada.
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