Dolar

6.96 / 6.86

|

peso arg

59.95

|

real

4.13

x

EN VIVO

04/07/2019 - 17:52

Notivisión

Descubren enorme desierto en mitad del Océano Pacífico

La isla más aislada del mundo busca profesores. Está a siete días del continente

Tristán de Acuña es la isla habitada más remota del mundo. No tiene aeropuerto y se tarda siete días en llegar por mar desde Ciudad del Cabo, que está 2.400 kilómetros al este. Entre sus 268 habitantes hay 23 estudiantes, pero faltan profesores.

La isla de Tristán surgió de una erupción volcánica en medio del Océano Atlántico. La descubrió el explorador portugués Tristão da Cunha en 1506. Se la anexionó la Corona Británica en 1816. Hoy en día forma parte de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña, un territorio de ultramar del Reino Unido con capital en Jamestown.

Point Nemo, como la llaman, es el lugar más aislado del planeta Tierra en términos absolutos. Se trata de una localización en mitad del Océano Pacífico en la que el ser humano más próximo está a 2.689 kilómetros. La zona es tan remota que las agencias espaciales la utilizan como cementerio para los satélites y naves que no se destruyen al entrar en la atmósfera.

Aparte de naves espaciales y agua no hay mucho más en esa región. Point Nemo está en el centro del Giro del Pacífico Sur, una vasta corriente circular que abarca desde las costas de Perú y Chile por un lado hasta las de Nueva Zelanda en el otro extremo. Las aguas en el interior de esta corriente suponen el 10% de la superficie total de los océanos del planeta, y sin embargo están prácticamente desprovistas de vida. Son un desierto ecológico.

Un equipo de investigadores alemanes del Instituto Max Planck ha pasado seis semanas recorriendo ese desierto con un sistema sumergible que toma muestras del agua y las analiza en busca de microorganismos mientras sigue en ruta. El resultado confirma que las aguas del Giro del Pacífico Sur son también un desierto a nivel microscópico. Hay vida, sí, pero en una cantidad un 30% menor al del resto de aguas del mundo, incluyendo las de las regiones árticas. Según los biólogos, probablemente es el menor número de células jamás hallado en una muestra del océano.

¿Por qué este lugar tiene tan poca vida? Las naves espaciales que se estrellan aquí no tienen nada que ver. Para empezar es un lugar aislado por la propia corriente de Australia Oriental que lo forma. La corriente es ya una barrera física para ciertas formas de vida. El segundo factor es que no tiene grandes masas de tierra cerca. Las costas son un inagotable suministro de nutrientes para la vida marina, y la escasez de islas en esta región no ayuda a dar vida a las aguas.

Finalmente está la intensa radiación ultravioleta que golpea esta zona del planeta y a la que solo un puñado de microorganismos puede sobrevivir en aguas poco profundas. De hecho, los investigadores han constatado que la familia de criaturas más habitual en estas aguas son microbios como los AEGEAN–169, que están especialmente adaptados a entornos con pocos nutrientes y un bombardeo continuo de radiación solar.

Los resultados del estudio no solo son interesantes a nivel de ecosistema terrestre. También aportan claves interesantes sobre cómo puede ser la vida en otros planetas el día que la encontremos.

Programación
No Pierdas El Dinero

17:30

No pierdas el dinero

notivisión

19:30

Notivisión

factor x

20:55

Factor x

Que no me pierda

22:30

Que no me pierda

Que no me pierda

00:00

Que no me pierda

problemas y soluciones

00:45

Problemas y soluciones

Tristán de Acuña es la isla habitada más remota del mundo. No tiene aeropuerto y se tarda siete días en llegar por mar desde Ciudad del Cabo, que está 2.400 kilómetros al este. Entre sus 268 habitantes hay 23 estudiantes, pero faltan profesores.

La isla de Tristán surgió de una erupción volcánica en medio del Océano Atlántico. La descubrió el explorador portugués Tristão da Cunha en 1506. Se la anexionó la Corona Británica en 1816. Hoy en día forma parte de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña, un territorio de ultramar del Reino Unido con capital en Jamestown.

Point Nemo, como la llaman, es el lugar más aislado del planeta Tierra en términos absolutos. Se trata de una localización en mitad del Océano Pacífico en la que el ser humano más próximo está a 2.689 kilómetros. La zona es tan remota que las agencias espaciales la utilizan como cementerio para los satélites y naves que no se destruyen al entrar en la atmósfera.

Aparte de naves espaciales y agua no hay mucho más en esa región. Point Nemo está en el centro del Giro del Pacífico Sur, una vasta corriente circular que abarca desde las costas de Perú y Chile por un lado hasta las de Nueva Zelanda en el otro extremo. Las aguas en el interior de esta corriente suponen el 10% de la superficie total de los océanos del planeta, y sin embargo están prácticamente desprovistas de vida. Son un desierto ecológico.

Un equipo de investigadores alemanes del Instituto Max Planck ha pasado seis semanas recorriendo ese desierto con un sistema sumergible que toma muestras del agua y las analiza en busca de microorganismos mientras sigue en ruta. El resultado confirma que las aguas del Giro del Pacífico Sur son también un desierto a nivel microscópico. Hay vida, sí, pero en una cantidad un 30% menor al del resto de aguas del mundo, incluyendo las de las regiones árticas. Según los biólogos, probablemente es el menor número de células jamás hallado en una muestra del océano.

¿Por qué este lugar tiene tan poca vida? Las naves espaciales que se estrellan aquí no tienen nada que ver. Para empezar es un lugar aislado por la propia corriente de Australia Oriental que lo forma. La corriente es ya una barrera física para ciertas formas de vida. El segundo factor es que no tiene grandes masas de tierra cerca. Las costas son un inagotable suministro de nutrientes para la vida marina, y la escasez de islas en esta región no ayuda a dar vida a las aguas.

Finalmente está la intensa radiación ultravioleta que golpea esta zona del planeta y a la que solo un puñado de microorganismos puede sobrevivir en aguas poco profundas. De hecho, los investigadores han constatado que la familia de criaturas más habitual en estas aguas son microbios como los AEGEAN–169, que están especialmente adaptados a entornos con pocos nutrientes y un bombardeo continuo de radiación solar.

Los resultados del estudio no solo son interesantes a nivel de ecosistema terrestre. También aportan claves interesantes sobre cómo puede ser la vida en otros planetas el día que la encontremos.