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El liderazgo no siempre juega de delantero

La recurrencia de un nombre en las redes fue cambiando mi emoción, apareció la selección de Cabo Verde, un país que millones de personas acababan de descubrir en el mapa, pero ya lo tenían en el corazón; una “Abuelita” cuya historia me acercó, amorosamente, a esa pelota y a esos noventa minutos que paralizan al mundo.

Midory Arzadum Profesional en Gestión & Cultura Organizacional / Coach Gerencial y Ontológica

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Ya casi era una costumbre estrenar un televisor nuevo para cada Mundial. Esta edición no habría sido la excepción, pero… llegué a este mundial siendo una observadora de la resignación.  Qué lindo habría sido ver a mi selección en una pantalla nueva, con imagen Ultra HD, donde el rojo, el amarillo y el verde se vieran tan nítidos, como la esperanza que estamos buscando como país.

La recurrencia de un nombre en las redes fue cambiando mi emoción, apareció la selección de Cabo Verde, un país que millones de personas acababan de descubrir en el mapa, pero ya lo tenían en el corazón; una “Abuelita” cuya historia me acercó, amorosamente, a esa pelota y a esos noventa minutos que paralizan al mundo.

Sin pensarlo me encontraba observando mi primer partido del mundial: Argentina vs. Cabo Verde. Sostengo que lo que vi, no fue un partido de futbol, ¡fue una verdadera lección de liderazgo!!  porque cuando un equipo juega desde el miedo, empieza a defender antes de atacar; cuando juega desde la culpa, busca responsables; pero Cabo Verde señores, ellos jugaron desde la confianza y cuando eso ocurre emerge la magia: personas comunes, haciendo cosas extraordinarias.

Fue imposible no tener la esperanza de que, ese David de la morna* pudiera derribar al Goliat del tango y de pronto los colores azul y amarillo brillaban con una intensidad más Ultra HD que de costumbre. Fue cuando comencé a indagar en mis emociones, en mis juicios, en mis pensamientos y también en mi corporalidad. ¿Qué había cambiado? ¿Qué hizo que volviera a gritar cada gol, lamentar cada falla y rogar por una última oportunidad?

Cuando el pitazo final marcó el 3-2 a favor del Goliat del tango, no me invadieron ni la tristeza, ni la desesperanza. Todo lo contrario: me encontré disfrutando la recepción de la selección de Cabo Verde en su país, las entrevistas posteriores al partido e incluso adentrándome en el mercado de pases de sus jugadores. Porque cuando un equipo juega con identidad, incluso una derrota puede convertirse en legado. Los equipos, al igual que las organizaciones no fracasan porque reciben demasiados goles, fracasan porque empiezan a jugar mirando el marcador.

Entonces entendí que, más allá de los resultados, de las grandes estrellas, de los contratos millonarios disfrazados de pausas de hidratación y de quién levante la Copa del Mundo, lo que realmente nos mueve es lo humano. Vozinha, la “abuelita” de Cabo Verde, no solo cumplió un sueño, lo hizo al lado de los grandes, con respeto, pero también con determinación. Cuando le preguntaron por ser la revelación, devolvió el mérito al equipo. En su momento de gloria, su único deseo fue compartirlo con su madre. Tenía claro su objetivo y sabía cuánto había trabajado para llegar a ese escenario. Pero, sobre todo, sabía cuál era su contribución: la experiencia. Nunca dejó que su equipo se desmoralizara. Incluso en el último minuto, sostuvo, animó y contuvo. Hizo que, aun en la derrota, el orgullo de Cabo Verde fuera más grande.

El liderazgo no siempre aparece vestido de autoridad, de cargo o de discurso perfecto. Vozinha no lideró desde la perfección, sino desde la presencia. No ocupó todos los espacios, supo ocupar el lugar correcto. Su experiencia no era peso, era sostén; su edad no era límite, era sabiduría; su serenidad no era pasividad, era templanza. Cuanta cercanía al modelo de liderazgo que hoy necesitamos en las organizaciones, porque los equipos no se rompen por falta de capacidad, sino por falta de conversación, de propósito común y de liderazgo humano.

El sostén emocional de Vozinha a su equipo fue una de las responsabilidades más profundas, porque él se convirtió en ese espacio donde el equipo pudo volver a creer cuando el resultado todavía no llegaba, fue capaz de construir la confianza suficiente para que, aun en la presión, cada persona recuerde quién es, qué aporta y por qué vale la pena seguir jugando.

Vozinha no levantó la Copa del Mundo, sin embargo, levantó algo mucho más difícil: la confianza de todo un equipo y la capacidad de transformar un partido en una historia de dignidad, identidad, esperanza y orgullo. Los resultados inspiran por un momento, pero personas, en cambio, pueden inspirarnos para toda la vida.

Quizás el próximo Mundial, con Bolivia participando o con Vozinha de director técnico, sí merezca estrenar un nuevo televisor.

*Monra: Práctica musical y coreográfica tradicional del archipiélago de Cabo Verde, la morna es un elemento del patrimonio cultural inmaterial de este país que abarca otros ámbitos culturales como la creación poética o la interpretación de canciones (UNESCO)

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