Un estudio de la Universidad de Lovaina analizó cómo el consumo de azúcar puede influir en el estado de ánimo y ayudar a explicar por qué muchas personas recurren a los alimentos dulces durante momentos de tristeza o estrés.
10/09/2026 11:25
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¿Te ha pasado que, después de un día difícil, sientes unas ganas enormes de comer chocolate, galletas o algún otro dulce? No es solo una cuestión de gusto. La relación entre las emociones y la alimentación tiene una explicación biológica y psicológica.
Investigadores de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, estudiaron qué ocurre en el organismo cuando una persona experimenta tristeza y consume azúcar, y encontraron resultados que ayudan a comprender por qué los alimentos dulces pueden resultar especialmente atractivos en esos momentos.
¿Qué ocurre cuando comemos azúcar?
Una de las explicaciones está relacionada con el triptófano, un aminoácido que participa en la producción de serotonina, un neurotransmisor vinculado con la regulación del estado de ánimo.
El consumo de carbohidratos puede modificar la disponibilidad de triptófano en el cerebro y favorecer, en determinadas condiciones, la producción de serotonina. Esto ayuda a explicar por qué algunas personas sienten una sensación momentánea de bienestar después de consumir alimentos dulces.
El estudio de Lovaina utilizó un método controlado para provocar tristeza en los participantes mediante música y expresiones faciales melancólicas. Posteriormente, recibieron azúcar a través de una sonda gástrica, evitando que supieran qué estaban consumiendo.
Los investigadores observaron una mejora en el estado de ánimo después de la administración de azúcar, un resultado que apunta a que la respuesta no dependía únicamente del sabor agradable de los alimentos.
Tristeza, estrés y ansiedad también influyen
Los antojos no dependen exclusivamente de la química cerebral. El estrés, los hábitos alimentarios y las restricciones dietéticas también pueden influir en el deseo de consumir azúcar.
Cuando una persona pasa muchas horas sin comer o reduce excesivamente su consumo de alimentos, puede experimentar hambre y buscar fuentes rápidas de energía. En situaciones de estrés, además, intervienen hormonas como el cortisol, que participan en la respuesta del organismo ante situaciones de tensión.
Por eso, ese deseo repentino de comer algo dulce puede ser la combinación de emociones, hambre, hábitos y respuestas biológicas.
El alivio es momentáneo
Aunque un dulce puede generar una sensación agradable a corto plazo, eso no significa que sea una solución para manejar la tristeza o el estrés.
Un consumo elevado y frecuente de azúcares añadidos puede contribuir a una alimentación poco equilibrada y aumentar el riesgo de distintos problemas de salud. Por eso, la clave está en mantener una dieta variada y no convertir los dulces en la principal herramienta para regular las emociones.
Para controlar mejor los antojos, puede ser útil priorizar comidas equilibradas que incluyan proteínas, fibra, frutas, verduras y grasas saludables, además de mantener horarios regulares de alimentación, descansar adecuadamente y buscar estrategias saludables para manejar el estrés.
En definitiva, el famoso “antojo emocional” tiene más de una explicación. Nuestro cerebro y nuestro cuerpo pueden buscar energía y sensaciones placenteras cuando atravesamos momentos difíciles, pero aprender a reconocer esa relación permite tomar decisiones más conscientes frente a la comida.
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