La evaluación de 2025, cuyos resultados fueron publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mostró una caída del rendimiento en matemáticas y lectura respecto a 2022.
21/10/2026 11:40
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Fortalecer la formación docente, enseñar a comprender lo que se lee, incorporar metodologías basadas en problemas reales y conectar la secundaria con la universidad son algunas de las acciones que pueden ayudar a mejorar los aprendizajes. Los resultados de las pruebas PISA, que evalúan las competencias de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias, ofrecen una oportunidad para revisar cómo se enseña y qué cambios necesita la educación para responder a los desafíos actuales.
La evaluación de 2025, cuyos resultados fueron publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mostró una caída del rendimiento en matemáticas y lectura respecto a 2022. El desafío que dejan estos datos no consiste únicamente en recuperar puntuaciones, sino en garantizar que los estudiantes desarrollen habilidades para interpretar información, resolver problemas y aplicar sus conocimientos en la vida cotidiana.
Para Ariel Villarroel, coordinador nacional del Instituto de Innovación Educativa de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), una de las prioridades es fortalecer la educación secundaria y reducir la brecha entre la formación escolar y las exigencias de la universidad. Esto requiere intervenir antes de que los estudiantes lleguen a la educación superior y acompañar el desarrollo de sus competencias durante toda su trayectoria educativa.
Fortalecer la enseñanza desde el aula
Villarroel plantea que la mejora educativa debe comenzar con la actualización de los docentes de primaria y secundaria. El desarrollo de competencias pedagógicas, disciplinares, comunicativas, digitales y de gestión puede contribuir a que los maestros respondan mejor a las necesidades de sus estudiantes y promuevan aprendizajes más sólidos.
La intervención también debe comenzar en los primeros años de formación. Las habilidades cognitivas que permiten comprender textos, establecer relaciones entre ideas y resolver problemas se construyen desde la infancia. Por ello, fortalecer la secundaria exige una mirada integral que articule los distintos niveles educativos y permita identificar las dificultades antes de que se conviertan en brechas difíciles de superar.
La universidad también puede contribuir mediante programas de nivelación y acompañamiento, pero el objetivo, según Villarroel, debe ser que los bachilleres egresen con los conocimientos y las habilidades necesarias para afrontar sus estudios superiores. Una mejor articulación entre colegios y universidades permitiría compartir buenas prácticas, anticipar dificultades y mejorar la continuidad de los aprendizajes.
Aprender resolviendo problemas reales
Mario Ariel Quispe, miembro de la Jefatura de Enseñanza y Aprendizaje de Unifranz, recuerda que PISA no mide solamente la memorización de contenidos, sino la capacidad de utilizar los conocimientos para resolver situaciones concretas. Desde esa perspectiva, una de las principales tareas de la educación es pasar de la reproducción de información al desarrollo del pensamiento crítico.
Quispe propone impulsar metodologías activas que fortalezcan la comprensión lectora y la resolución de problemas. El aprendizaje basado en retos, por ejemplo, permite que los estudiantes trabajen en proyectos vinculados con su comunidad, relacionen distintas áreas del conocimiento y construyan soluciones a partir de lo aprendido.
La tecnología también puede formar parte de esta transformación si se incorpora con objetivos pedagógicos claros. En lugar de concentrarse únicamente en limitar el uso de pantallas, el reto consiste en enseñar a utilizar las herramientas digitales de manera crítica, contrastar información y desarrollar ideas propias. El acceso a la inteligencia artificial, por sí solo, no garantiza el aprendizaje: es necesario que los estudiantes comprendan, analicen y evalúen las respuestas que reciben.
El especialista también propone que las universidades fortalezcan la formación continua de los docentes escolares, promuevan investigaciones sobre prácticas educativas y trabajen junto con el Estado y las comunidades para reducir las brechas entre zonas urbanas y rurales. Las evaluaciones periódicas pueden ayudar a identificar necesidades y orientar políticas públicas basadas en evidencia.
Convertir la lectura en un hábito compartido
Mónica Olmos, consultora en educación, considera que recuperar los aprendizajes exige enseñar a leer y comprender mejor, en lugar de asumir que retirar los teléfonos o restringir las redes sociales resolverá las dificultades. El desarrollo de la comprensión lectora requiere una intervención pedagógica constante, tanto en el aula como en el hogar.
Para la especialista, las escuelas deben crear espacios en los que la lectura se acompañe de preguntas, reflexión, análisis y conversación. Estas prácticas permiten que los estudiantes no se limiten a reconocer palabras, sino que comprendan argumentos, relacionen ideas y formen sus propios criterios.
La familia también cumple un papel importante. La presencia de libros en casa, el ejemplo de los adultos y los momentos compartidos de lectura y conversación ayudan a construir hábitos que acompañan al estudiante durante toda su formación. Por ello, promover la lectura no debería ser una responsabilidad exclusiva de los maestros, sino una tarea compartida entre escuela y hogar.
Olmos también destaca la necesidad de contar con docentes preparados para las exigencias actuales y de fortalecer una enseñanza rigurosa, capaz de atender las diferentes necesidades de aprendizaje sin renunciar al desarrollo de competencias.
De la evaluación a una transformación educativa
En Bolivia, estas propuestas cobran relevancia ante la necesidad de contar con información sistemática sobre los aprendizajes. Aunque el país no participa en PISA, el Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa constituye una referencia para analizar el desempeño escolar y orientar acciones de mejora.
La articulación entre evaluación, investigación y práctica pedagógica puede ayudar a determinar qué dificultades requieren atención prioritaria y qué estrategias producen resultados. En ese proceso, las universidades pueden aportar formación docente, investigación aplicada y programas de cooperación con los colegios.
Las propuestas de Villarroel, Quispe y Olmos coinciden en que mejorar la educación secundaria requiere actuar en varios frentes: preparar mejor a los docentes, desarrollar la comprensión lectora desde la infancia, aplicar los conocimientos a problemas reales, integrar la tecnología con sentido pedagógico y promover la participación de las familias.
El desafío es convertir el diagnóstico en acciones sostenidas. Más que enseñar para responder una prueba, se trata de construir una educación que prepare a los jóvenes para comprender su entorno, tomar decisiones fundamentadas y enfrentar los problemas de una sociedad cada vez más compleja.
