A pocos días de la gran fiesta central, Quillacollo vuelve a respirar fe, música y tradición. La historia de la pastorcita, el milagro que dio origen a la celebración y los rituales del Calvario mantienen viva una de las festividades religiosas más importantes del país.
09/08/2026 10:00
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A escasos días de que los bombos, los bronces y los pasos firmes de miles de danzarines retumben en las calles de Quillacollo, el ambiente en el valle cochabambino se transforma. Se respira ese aire denso y festivo en el que la fe, el incienso y la nostalgia se mezclan. Estamos a las puertas del 15 de agosto, la fecha central de la Festividad de la Virgen de Urkupiña, Patrona de la Integración Nacional. Pero para entender el fervor que moviliza a multitudes de todo el país y del extranjero, es necesario mirar hacia atrás, al origen de una devoción donde lo terrenal y lo divino se abrazan en la cima de un cerro.
El origen del milagro
A finales del siglo XVIII, cuando Quillacollo aún guardaba la tranquilidad campesina de la época colonial, una humilde niña quechua pastoreaba el rebaño de su familia en las inmediaciones del río Sapinku, a las faldas del cerro de Cota. Entre el silencio del paisaje árido y la rutina del pastoreo, ocurrió lo impensado: una luz resplandeciente descendió del cielo.
Al acercarse, la niña encontró a una mujer de belleza extraordinaria que llevaba en brazos a un niño tierno. Lejos de atemorizarse, la pequeña entabló una relación cotidiana con la visitante. La "Mamita" bajaba para acompañar su soledad; conversaban en quechua, jugaban y el niño corría por la falda del cerro. El mito cuenta que la figura celestial no solo le brindaba compañía, sino que hacía brotar agua de las rocas para el sediento rebaño e incluso entregaba a la pastorcita piedras en su awayo, las cuales se transformaban en bloques de oro al llegar a su casa.
Intrigados por las revelaciones y la repentina riqueza, los padres relataron el prodigio al párroco y a las autoridades del pueblo. El 15 de agosto, una comitiva encabezada por el sacerdote ascendió al cerro para verificar la historia. Al adelantarse en el camino, la niña divisó la cumbre, señaló emocionada a la cima y exclamó en su lengua materna: "¡Jaqaypiña urqupiña!, ¡Jaqaypiña urqupiña!" ("¡Ya está en el cerro!").
Al llegar la multitud, solo alcanzaron a presenciar la ascensión de la figura luminosa hacia los cielos. En el punto exacto donde sus pies pisaron la tierra, hallaron una imagen esculpida en piedra. Aquella exclamación quechua, castellanizada con los años, daría nombre perpetuo a la advocación: Urkupiña.
La casa de la Mamita: el Templo de San Ildefonso
La imagen hallada en el cerro fue trasladada al pueblo para ser venerada, asentándose finalmente en el solar que hoy ocupa el Templo de San Ildefonso, el santuario mayor de Quillacollo.
La historia de este recinto sagrado refleja la perseverancia de su comunidad. Su origen se remonta al "Curato de San Ildefonso" entre 1585 y 1600. La modesta iglesia colonial original, construida de adobe y teja —cuya debilidad ya había sido advertida en 1788 por el gobernador Francisco de Viedma—, fue destruida por un voraz incendio a mediados del siglo XIX, obligando a su demolición en 1855.
La reconstrucción no fue inmediata. Fue recién en 1908 cuando el párroco Fructuoso Mencía impulsó la colocación de la primera piedra. La edificación del nuevo templo tomó casi cuatro décadas de esfuerzo colectivo: los propios vecinos y devotos de Quillacollo acarrearon arena y enormes piedras a lomo desde el propio cerro de Cota para erigir sus muros y pilares.
El templo de fachada ecléctica con toques renacentistas y neoclásicos fue consagrado solemnemente el 14 de agosto de 1947. Dedicado a San Ildefonso —arzobispo de Toledo insigne por su defensa de la virginidad de María—, el edificio fue declarado Monumento y Patrimonio Cultural de Bolivia en 1992, y nombrado oficialmente Santuario de Nuestra Señora Virgen María de Urkupiña el 8 de diciembre de 1998.
La fe andina y el rito del Ayni: picar la piedra y soñar en miniatura
La Festividad de Urkupiña es uno de los máximos exponentes del sincretismo cultural en los Andes. Tras la colonia, la devoción a la Virgen María se fundió con el culto a la Pachamama (Madre Tierra), identificando el cerro de Cota como una Wak'a o Apu (sagrado tutelar).
El clímax de esta fusión espiritual ocurre el 16 de agosto durante la Romería al Calvario, cuando miles de peregrinos recorren a pie más de 14 kilómetros desde la ciudad de Cochabamba hasta Quillacollo. Allí tiene lugar el rito de "las minas":
El préstamo sagrado: Con combos en mano, los devotos pican el cerro para extraer trozos de piedra. La roca extraída simboliza el dinero o los bienes materiales que la Virgen concede en calidad de préstamo; a mayor tamaño o fe depositada, mayor es la gracia solicitada.
La reciprocidad (Ayni): El creyente asume el compromiso de regresar durante tres años consecutivos para agradecer, rezar y "devolver" el favor.
La Ch'alla y el Sahumerio: Las piedras no solo reciben el agua bendita del templo; también son ch'alladas con alcohol, vino y flores, mientras los yatiris o amautas (sabios andinos) celebran mesas de q'oa con incienso y copal para pedir la venia de la Pachamama.
A la par del Calvario florece la Feria de la Alasita (del aymara «comprame»). En ella, los artesanos materializan los anhelos de la gente en diminutas réplicas: fajos de billetes, casas, vehículos, camiones, títulos universitarios o pequeñas tiendas. El feligrés compra su sueño en miniatura, lo bendice ante la Iglesia y lo hace sahumizar por los yatiris, con la fe firme de que la Virgen intercederá para convertir la miniatura en una realidad tangible durante el año.
Cronograma de los días centrales
La festividad despliega una intensa agenda litúrgica y folclórica que paraliza al departamento y atrae las miradas del país:
8 de agosto: Procesión de las Advocaciones Marianas (imágenes invitadas del país y el exterior).
9 de agosto: Entrada Autóctona (expresión de danzas tradicionales y originarias).
14 de agosto: Gran Entrada Folklórica (Feriado departamental). Más de 80 fraternidades danzan con devoción hacia el Templo de San Ildefonso.
15 de agosto: Solemne Misa Central y procesión de la imagen de la Virgen de Urkupiña.
16 de agosto: Tradicional Peregrinación al Calvario en el cerro de Cota y rito de las piedras.
17 de agosto: Apertura e inauguración oficial de la Feria de la Alasita.
A tan solo horas de que la majestuosa Entrada Folklórica vista de colores las calles quillacolleñas, la promesa de los devotos vuelve a renovarse. Entre el sonido de los combos golpeando la piedra en Cota, el aroma del copal y la música incansable de los bronces, el grito quechua de la pequeña pastorcita retumba con la misma fuerza que hace más de dos siglos: ¡Jaqaypiña urqupiña! La Mamita sigue en el cerro, aguardando a su pueblo.
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