El Santo Padre enfatizó que la Eucaristía y el Orden Sagrado son vínculos intrínsecos que representan la entrega perfecta de Jesús al hombre.
02/04/2026 19:26
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El Santo Padre explicó en su homilía que el gesto de Cristo al tomar la palangana y el delantal resume la revelación del Verbo hecho carne. Esta acción no debe entenderse como un imperativo abstracto, sino como el ejemplo inconfundible de una caridad que libera y otorga vida.
León XIV advirtió sobre la tentación humana de buscar a un Dios de éxito, útil como el dinero, en lugar de aceptar al Dios de la pasión. La grandeza divina se manifiesta precisamente en la humildad de arrodillarse ante el hombre, purificando así las idolatrías que manchan la imagen de lo sagrado.
La reflexión pontificia subrayó que, al lavar la carne de los discípulos, Jesús purifica el alma de la Iglesia y redefine el concepto de poder humano. Mientras el mundo asocia la grandeza con el dominio y el temor, Cristo propone el servicio recíproco como el único criterio auténtico de autoridad.
El obispo de Roma también destacó el vínculo intrínseco entre la Eucaristía y el Orden Sagrado, instituciones que nacieron juntas en la Última Cena. En el pan y el vino consagrados se encuentra el sacramento de la piedad que llena el alma de gracia y anticipa la gloria venidera.
Al concluir el rito, el Papa trasladó el Santísimo Sacramento a la capilla de reposición en un clima de profundo silencio y adoración. Los fieles acompañaron este momento final que introduce a la comunidad cristiana en el Triduo Santo de la pasión, muerte y resurrección.
Fuente: Vaticannews.
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