La tigresa de Amur, Umit, fue liberada en una reserva natural de Kazajistán como parte de un ambicioso proyecto internacional que busca recuperar el papel ecológico que alguna vez desempeñó el extinto tigre del Caspio en Asia Central.
05/08/2026 11:07
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En un momento cargado de simbolismo para la conservación de la vida silvestre, una tigresa de Amur llamada Umit fue liberada en la Reserva Natural de Ile-Balkhash, donde comenzó una nueva etapa de su vida… y también de la historia ambiental de Asia Central.
Tras salir de su jaula, Umit se internó entre la vegetación de la reserva, marcando el inicio de un proyecto que busca recuperar la presencia ecológica del tigre del Caspio, un felino que desapareció durante el siglo XX debido a la caza indiscriminada, la pérdida de su hábitat y la disminución de sus presas.
Los especialistas explican que el tigre de Amur y el tigre del Caspio están estrechamente emparentados desde el punto de vista genético, lo que convierte a esta especie en la mejor candidata para ocupar nuevamente ese nicho ecológico.
El ministro de Ecología de Kazajistán, Yerlan Nyssanbayev, calificó la liberación como un momento histórico y recordó que el proyecto requirió una década de preparación.
Según explicó, la restauración de grandes depredadores no solo busca recuperar una especie, sino también restablecer el equilibrio natural de los ecosistemas, ya que la desaparición de un solo eslabón de la cadena biológica puede desencadenar efectos irreversibles sobre la biodiversidad.
Umit forma parte de un grupo de cuatro tigresas trasladadas desde Rusia a Kazajistán. Las autoridades monitorearán cuidadosamente su adaptación antes de decidir la liberación de los otros ejemplares.
Aunque el entorno presenta diferencias con el hábitat donde viven actualmente los tigres de Amur, los expertos consideran que la región ofrece condiciones similares a las que ocupaba antiguamente el tigre del Caspio, lo que aumenta las posibilidades de éxito del programa.
Sin embargo, el desafío apenas comienza. La recuperación de una población estable demandará décadas de trabajo, monitoreo constante y protección del hábitat. De acuerdo con las autoridades kazajas, el proyecto continuará durante al menos 25 años, con el objetivo de devolver a Asia Central uno de sus depredadores más emblemáticos y fortalecer la biodiversidad de la región.
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