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15/08/2019 - 21:52

Comunidad

Aprendiendo un poco más del TDAH

Cualquier persona de cualquier edad puede padecer el Trastorno de Déficit de Atención, pero aparece en la edad escolar

Hasta unas décadas atrás no se escuchaba hablar sobre el TDAH. Antes de 1940, los niños con dificultades de atención y aprendizaje fueron considerados retrasados mentales, o con alteraciones emocionales o con desventajas culturales.

El primer reconocimiento del diagnóstico sindrómico y del aspecto fundamental de la inatención inapropiada, como dimensión central del TDAH, llegó con la publicación del DSM III en 1980. Los primeros estudios sobre las bases orgánicas se sitúan a mediados del pasado siglo con el concepto de “disfunción cerebral mínima”, hoy sólo referencia histórica. Luego se puso el acento en el llamado “síndrome hiperquinético”, donde la atención se focalizaba en la hiperactividad motora.

Ya en 1972, se propone un cambio trascendental al plantear que el síntoma principal es el déficit de atención.

De esta manera, conviene cambiar el viejo paradigma que se ha instaurado por antiguos modelos educativos y comunicacionales que han mostrado al trastorno por déficit de atención con hiperactividad como algo negativo que hace sentir a los niños como si no funcionaran. La verdad es que, con un buen tratamiento, las personas pueden llevar una vida normal sin que el trastorno interfiera con su rutina.

Es bueno remarcar que hay preguntas como, ¿quieres quedarte quieto de una vez por todas?, ¿No ves que no le puedes quitar el estuche de esa manera a tu compañero? o Nicolás, no estás concentrado en lo que estoy diciendo en clase. Todos estos ejemplos son frases que suelen escuchar nuestros niños y jóvenes con TDAH. y por supuesto no les ayudan para nada, porque lo único que hacen es señalar o describir sus síntomas. Y a partir de ahí comienza el efecto dominó. Como no se han comportado como se supone que se deben comportar en clase, el profesor les pone una nota en la agenda y en casa los castigan de mil maneras.

Como consecuencia de todo esto, la autoestima de los niños y adolescentes con TDAH termina por los suelos. En muchas ocasiones, todo esto desemboca en peleas y discusiones en casa con sus padres. Es una auténtica bomba de relojería porque todos los miembros de la familia tienen los nervios a flor de piel. El hecho de que el niño se sienta incomprendido por sus padres suele acabar en gritos, malas contestaciones y en conductas desafiantes. 

Igualmente, es necesario dejar de tratar al TDAH como un tabú y comenzar a hablar abiertamente para dejar de marginar a las personas y en especial a los niños en edad de crecimiento, edad crucial para aprender las habilidades de socialización básicas.

 

Hasta unas décadas atrás no se escuchaba hablar sobre el TDAH. Antes de 1940, los niños con dificultades de atención y aprendizaje fueron considerados retrasados mentales, o con alteraciones emocionales o con desventajas culturales.

El primer reconocimiento del diagnóstico sindrómico y del aspecto fundamental de la inatención inapropiada, como dimensión central del TDAH, llegó con la publicación del DSM III en 1980. Los primeros estudios sobre las bases orgánicas se sitúan a mediados del pasado siglo con el concepto de “disfunción cerebral mínima”, hoy sólo referencia histórica. Luego se puso el acento en el llamado “síndrome hiperquinético”, donde la atención se focalizaba en la hiperactividad motora.

Ya en 1972, se propone un cambio trascendental al plantear que el síntoma principal es el déficit de atención.

De esta manera, conviene cambiar el viejo paradigma que se ha instaurado por antiguos modelos educativos y comunicacionales que han mostrado al trastorno por déficit de atención con hiperactividad como algo negativo que hace sentir a los niños como si no funcionaran. La verdad es que, con un buen tratamiento, las personas pueden llevar una vida normal sin que el trastorno interfiera con su rutina.

Es bueno remarcar que hay preguntas como, ¿quieres quedarte quieto de una vez por todas?, ¿No ves que no le puedes quitar el estuche de esa manera a tu compañero? o Nicolás, no estás concentrado en lo que estoy diciendo en clase. Todos estos ejemplos son frases que suelen escuchar nuestros niños y jóvenes con TDAH. y por supuesto no les ayudan para nada, porque lo único que hacen es señalar o describir sus síntomas. Y a partir de ahí comienza el efecto dominó. Como no se han comportado como se supone que se deben comportar en clase, el profesor les pone una nota en la agenda y en casa los castigan de mil maneras.

Como consecuencia de todo esto, la autoestima de los niños y adolescentes con TDAH termina por los suelos. En muchas ocasiones, todo esto desemboca en peleas y discusiones en casa con sus padres. Es una auténtica bomba de relojería porque todos los miembros de la familia tienen los nervios a flor de piel. El hecho de que el niño se sienta incomprendido por sus padres suele acabar en gritos, malas contestaciones y en conductas desafiantes. 

Igualmente, es necesario dejar de tratar al TDAH como un tabú y comenzar a hablar abiertamente para dejar de marginar a las personas y en especial a los niños en edad de crecimiento, edad crucial para aprender las habilidades de socialización básicas.