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El líder es la marca

En 10 años, Apple pasó de estar al borde de la quiebra a ser la empresa más valiosa del mundo. Los valores del líder no se quedaron con él, se convirtieron en la organización.

Imagen referencial. Foto: IA

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Cuando Steve Jobs regresó a Apple en 1997, la empresa tenía doce semanas de liquidez y se encontraba en grave peligro. Lo que Jobs hizo a continuación sorprendió a más de uno: antes de lanzar un producto redefinió la identidad de la empresa con la campaña “Think Different”, no como ejercicio de marketing, si no como declaración de los valores que él ya vivía. Su criterio de que el diseño debía ser tan simple como funcional se tradujo en productos que eliminaban todo lo superfluo. Esa misma lógica fue permeando decisiones, equipos y cultura.

En 10 años, Apple pasó de estar al borde de la quiebra a ser la empresa más valiosa del mundo. Los valores del líder no se quedaron con él, se convirtieron en la organización.

El caso de Elon Musk y Tesla ilustra algo más sutil. Su incursión en política le funcionó como estrategia personal, pues ganó poder e influencia a una escala que pocos empresarios han logrado. Pero Tesla, como marca, pagó un precio diferente. La empresa se había construido sobre valores de sostenibilidad y futuro limpio y cuando Musk empezó a asociarse públicamente composiciones que contradecían esos valores, los consumidores respondieron. Un estudio de Yale (2025) estimó que sus acciones políticas le costaron a Tesla más de un millón de vehículos en ventas en Estados Unidos. El producto no había cambiado, pero sí la coherencia entre el líder y la promesa de la empresa.

Esto tiene un respaldo académico, Porgier y Doubell en 2020 demostraron que los colaboradores influyen directamente en cómo los grupos de interés perciben a una organización, y que esa influencia parte del liderazgo: de sus valores, de su conducta, de la distancia entre lo que dice y lo que hace. En 2008, Fred Walumbwa, profesor de la Universidad Estatal de Arizona y de la Florida International University, junto con sus colegas, identificaron cuatro dimensiones del liderazgo auténtico: la autoconciencia, la transparencia, coherencia moral y la apertura al criterio ajeno. Ellos demostraron que cada una genera efectos medibles en el comportamiento organizacional. Lo relevante aquí es que esas mismas dimensiones son atributos de una marca fuerte, ya que definen cómo una organización es percibida desde afuera.

Entonces, la aplicación práctica es directa: desarrollar liderazgo auténtico no es solo una decisión de gestión de personas, es una decisión de empresa, de marca. Las organizaciones que entienden esto no buscan únicamente líderes competentes, si no buscan líderes cuya identidad sea coherente con los valores que quieren proyectar. Porque los colaboradores no aprenden la cultura de un manual, la prenden observando a quien los lidera.

La marca no empieza en el departamento de marketing, empiezan el carácter y la personalidad del líder.

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