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Riesgo país Bolivia: Su máximo histórico fue de 2.328 PB en 2024 y su máximo de 38 PB en 2017 ¿Ahora, cuál fue su desempeño en este 2026 y qué retos tiene?

Bolivia registró una mejora relevante de su riesgo país durante 2026. 

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1. Evaluación del riesgo país de América Latina y el Caribe:  enero–agosto de 2025 

Durante enero-agosto de 2026, América Latina y el Caribe mostraron una clara  segmentación entre economías con fundamentos financieros sólidos y países  afectados por problemas fiscales, políticos y de acceso al financiamiento  externo. Al 13 de agosto, los tres países con mayor riesgo fueron Venezuela,  Argentina y Ecuador, mientras que los tres con menor riesgo fueron Uruguay,  Chile y Paraguay, según la serie EMBI elaborada por JP Morgan. Venezuela se  mantuvo como el caso más crítico, con un EMBI de 6.662 puntos básicos (pb),  aunque descendió desde niveles superiores a 12.674 pb registrados durante  2026, reflejando una reducción desde una situación extremadamente  deteriorada, pero todavía incompatible con un acceso normal a los mercados  internacionales. Argentina cerró en 470 pb, después de alcanzar un máximo de  aproximadamente 634 pb, mostrando volatilidad vinculada a su proceso de  estabilización y a la incertidumbre política y financiera. Ecuador registró 432  pb, con un máximo anual cercano a 506 pb, manteniendo un riesgo elevado, pero considerablemente inferior al venezolano. En conjunto, la región mejoró su  percepción de riesgo, aunque con diferencias muy marcadas entre países. 

En el extremo de menor riesgo, Uruguay registró aproximadamente 66 pb, Chile  89 pb y Paraguay 106 pb al 13 de agosto, niveles que reflejan una percepción  mucho más favorable sobre su capacidad de pago y estabilidad institucional.  Uruguay osciló aproximadamente entre 52 y 85 pb, Chile entre 80 y 106 pb, y  Paraguay entre 97 y 135 pb, mostrando una volatilidad relativamente limitada  frente a los países de mayor riesgo. La principal diferencia radica en que estas  economías cuentan con mayor previsibilidad macroeconómica, instituciones  relativamente estables y mejor acceso al financiamiento internacional.  

Por tanto, nuestra calificación general para la región es moderadamente  positiva, pero heterogénea: existe una América Latina de bajo riesgo y acceso  relativamente normal a capitales, y otra donde persisten fuertes primas por  riesgo. Para un inversionista, el indicador EMBI confirma que no es suficiente  analizar la región como un bloque, sino que resulta fundamental evaluar la  solvencia, política económica, institucionalidad y perspectivas específicas de  cada país.

2. Desempeño del riesgo país de Bolivia durante enero agosto de 2026 

El desempeño de Bolivia durante 2026 puede calificarse como positivo en  términos de tendencia, pero todavía insuficiente en términos de nivel absoluto de  riesgo. De acuerdo con la serie histórica analizada, Bolivia alcanzó durante  enero-agosto un máximo aproximado de 688 pb y un mínimo de 325 pb; al 13  de agosto se situó en 407 pb. Esto implica una reducción importante respecto  de los niveles máximos del año y confirma una tendencia general descendente,  aunque con episodios de volatilidad. Con 407 pb, Bolivia se ubicaba como el  cuarto país con mayor riesgo para invertir de Latinoamérica, detrás de  Venezuela, Argentina y Ecuador. Sin embargo, el descenso es significativo frente  al deterioro extremo registrado en 2024. Históricamente, dentro de la serie  EMBI (riesgo país) de JP Morgan, Bolivia alcanzó su máximo de 2.328 pb el  4 de septiembre de 2024 y su mínimo de 38 pb el 9 de marzo de 2017. Es  decir, el actual nivel de 407 pb representa una mejora sustancial frente a la crisis  de 2024, pero sigue siendo muy superior al riesgo observado en los mejores años  de estabilidad financiera del país. 

Aspectos positivos: Primero, la fuerte reducción desde el máximo anual de  688 pb hasta el mínimo de 325 pb demuestra una recuperación de confianza;  segundo, el país mantiene capacidad de pago y continúa honrando sus  obligaciones externas. Al 31 de julio de 2026, la deuda externa pública de  mediano y largo plazo alcanzaba $us. 14.238,5 millones, con una estructura  predominantemente multilateral y un saldo de $us. 4.167,8 millones por  desembolsar, lo cual ofrece una fuente potencial de financiamiento adicional.  Aspectos negativos: Primero, 407 pb todavía representa una prima elevada  frente a Uruguay, Chile o Paraguay; segundo, persisten vulnerabilidades  fiscales, externas y políticas. La deuda del TGN representaba $us. 13.173,7  millones, equivalentes al 92,5% de la deuda externa pública registrada, por lo  que la sostenibilidad fiscal y la generación de divisas (problemas estructurales  de Bolivia) continúan siendo variables centrales para los mercados.  

La calificación general sería de “mejora significativa, pero riesgo todavía  alto”. 

3. ¿El desempeño fue bueno o malo y por qué tuvo una  tendencia decreciente? 

Consideramos que el desempeño fue bueno en términos de trayectoria, pero aún  incompleto en términos estructurales. La caída desde aproximadamente 688 pb  a niveles cercanos a 407 pb significa que el mercado comenzó a reducir la  probabilidad percibida de un evento crediticio adverso (default). Esta mejora  parece explicarse por una combinación de factores y no por un único elemento:  cambio de orientación de la política económica, reducción de algunas  distorsiones, flexibilización cambiaria, expectativas de mayor apertura a la  inversión y una recuperación del diálogo con organismos multilaterales (FMI,  BID, Banco Mundial, otros). Por ejemplo, en enero, Fitch elevó la calificación  soberana de Bolivia de CCC- a CCC, señalando una reducción de los riesgos de 

incumplimiento y una mejora en las perspectivas de financiamiento externo.  Asimismo, el cambio de expectativas fue relevante porque los mercados  financieros anticipan el futuro: una señal creíble de corrección económica puede  reducir el EMBI antes de que todos los indicadores macroeconómicos mejoren  efectivamente, tal como el caso de Bolivia que sigue con desequilibrios fiscales,  monetarios, cambiarios, energéticos, entre otros. 

Sin embargo, sería un error atribuir toda la reducción exclusivamente al  Gobierno o concluir que el problema ya está resuelto. El acuerdo técnico  alcanzado con el FMI por $us. 1.900 millones, anunciado el 29 de julio, puede  fortalecer reservas y abrir acceso a financiamiento adicional, pero todavía  requiere aprobaciones y enfrenta riesgos políticos y sociales. También influyen  positivamente la expectativa de una nueva Ley de Inversiones, mayor apertura  a sectores como energía y minería y la cooperación con organismos  multilaterales. Reuters reportó que el Gobierno impulsa reformas orientadas al  mercado y busca mejorar el marco para la inversión, aunque enfrenta una  coalición políticamente frágil y resistencia social.  

Por ello, nuestra evaluación es que la tendencia decreciente del riesgo país fue  real y favorable, pero una parte importante todavía responde a expectativas. Para  consolidarla, Bolivia necesita transformar las señales políticas en resultados  verificables: menor déficit fiscal, más reservas líquidas, mayor inversión,  crecimiento de exportaciones y un marco institucional creíble. 

4. ¿Por qué Bolivia tiene 407 pb y Argentina 470 pb si  Argentina parece más atractiva y segura para invertir? 

Razón 1: El EMBI mide riesgo soberano, no rentabilidad potencial La primera explicación es que riesgo país no es lo mismo que potencial de  rentabilidad. Argentina puede resultar más atractiva para determinados  inversionistas debido al tamaño de su mercado, recursos naturales, sectores  exportadores y oportunidades de valorización. Sin embargo, el EMBI mide  principalmente la prima exigida por los inversionistas para asumir riesgo en  deuda soberana frente a los bonos de Estados Unidos. Argentina puede ofrecer  mayor potencial de retorno y, simultáneamente, mantener un riesgo financiero  superior. Bolivia, en cambio, puede tener menor atractivo relativo en algunos  sectores, pero el mercado puede asignarle temporalmente una prima de riesgo  algo menor por otros factores. Por tanto, una diferencia de 63 pb entre ambos  países no contradice necesariamente la percepción sobre rentabilidad. Además,  debe considerarse esto como una fotografía del momento, y no un hecho  definitivo. 

Razón 2: Bolivia mejoró rápidamente desde niveles extremadamente  altos 

Bolivia venía de una situación de riesgo mucho más crítica durante 2024 y  2025, cuando alcanzó niveles superiores a los 2.000 pb. El mercado de 2026 no  está evaluando únicamente el nivel absoluto, sino también la dirección del 

cambio. Una economía que pasa de 688 a 407 pb genera una narrativa  financiera de mejora. Argentina, en cambio, también redujo significativamente  su riesgo durante 2026, pero el mercado continúa incorporando riesgos  políticos, fiscales y financieros propios de su historia reciente. Datos de mercado  muestran que Argentina llegó a niveles cercanos a 402 pb en julio y  posteriormente volvió a fluctuar. 

Razón 3: En el corto plazo, las expectativas políticas pueden pesar  tanto como los datos económicos 

Sí, el contexto político puede tener un peso considerable, especialmente cuando  se produce un cambio de régimen económico. En Bolivia, los mercados  reaccionaron favorablemente a la expectativa de reformas, apertura y  cooperación internacional. En Argentina, en cambio, la incertidumbre política y  electoral puede aumentar temporalmente la prima de riesgo, incluso cuando  existen mejores indicadores de reservas o mercados más desarrollados. Por  tanto, los 407 pb frente a 470 pb no significan que Bolivia sea estructuralmente  menos riesgosa que Argentina en todos los aspectos. Reflejan la valoración  puntual de sus bonos y las expectativas que los inversionistas tienen sobre la  trayectoria futura de cada país. 

5. Tres políticas gubernamentales para reducir  sosteniblemente el riesgo país de Bolivia 

Política 1: Consolidación fiscal y sostenibilidad de la deuda Bolivia necesita implementar una consolidación fiscal gradual, creíble y  legalmente respaldada, con metas plurianuales de déficit, gasto, deuda y  financiamiento. La reducción del déficit no debería depender exclusivamente de  recortes temporales, sino de una reforma estructural de subsidios, empresas  públicas deficitarias, gasto corriente y eficiencia tributaria. Debe establecerse  una regla fiscal que obligue a publicar metas y desviaciones, con mecanismos  de corrección. El objetivo central debe ser estabilizar la relación deuda/PIB y  garantizar recursos suficientes para pagar el servicio de deuda. Al 31 de julio  de 2026, la deuda externa pública alcanzaba $us.14.238,5 millones; durante  los primeros siete meses se registraron amortizaciones por $us. 1.122,1  millones. Una trayectoria fiscal sostenible reduciría directamente la percepción  de riesgo de incumplimiento o default. 

Política 2: Programa estructural de generación y acumulación de  divisas 

La segunda política debe orientarse a resolver el problema estructural de  generación de dólares. Bolivia necesita un programa integral para incrementar  exportaciones, inversión extranjera directa y producción en hidrocarburos,  minería, agroindustria, electricidad y otros sectores competitivos. La  flexibilización cambiaria debe complementarse con reglas claras y previsibles  para evitar que la volatilidad destruya la confianza y la continua intervención  de su banco central. El BCB reportaba al 05 de agosto de 2026 RIN por $us.

3.773 millones, pero las reservas monetarias líquidas eran apenas de $us. 604 millones, mientras una gran proporción correspondía a oro (82%). El objetivo  no debe ser solamente aumentar el valor contable de las RIN, sino fortalecer  específicamente la disponibilidad efectiva de divisas. Más dólares significan  mayor capacidad para importar, pagar deuda, estabilizar el mercado cambiario, y reducir la vulnerabilidad externa de la economía. 

Política 3: Ley de inversiones, seguridad jurídica e institucionalidad  macroeconómica 

La tercera prioridad es construir un marco institucional que sobreviva a los  gobiernos y reduzca la incertidumbre regulatoria. Una Ley de Inversiones debe  garantizar reglas claras, estabilidad tributaria razonable, mecanismos  transparentes de resolución de controversias y protección jurídica tanto para  inversionistas nacionales como extranjeros. Pero la ley, por sí sola, no será  suficiente: debe complementarse con independencia técnica del BCB,  transparencia fiscal, información pública oportuna, fortalecimiento de las  entidades reguladoras, y una serie de reformas económicas, normativas e  institucionales que requieren consenso político en la ALP.  

El acuerdo técnico con el FMI y la apertura hacia financiamiento multilateral  pueden ayudar a recuperar credibilidad, pero los mercados evaluarán  especialmente la capacidad de cumplir compromisos en el tiempo. La verdadera  reducción del riesgo país llegará cuando la inversión dependa menos de  expectativas políticas y más de instituciones confiables. 

6. Conclusión general 

En conclusión, Bolivia mostró durante enero-agosto de 2026 una mejora  importante en la percepción de riesgo, pasando de un máximo anual  aproximado de 688 pb a un mínimo de 325 pb y ubicándose en 407 pb al 13 de  agosto. Esto representa una recuperación significativa frente al máximo  histórico reciente de 2.328 pb registrado en septiembre de 2024, aunque todavía  está lejos del mínimo histórico de 38 pb de marzo de 2017. La mejora se explica  por el cambio de expectativas, medidas de estabilización, flexibilización  económica, mejora de la calificación de calificadoras de riesgo e inversión  internacionales, y la recuperación del vínculo con organismos multilaterales.  Sin embargo, Bolivia continúa enfrentando vulnerabilidades: déficit fiscal  elevado, deuda pública creciente (85% del PIB), economía nacional recesiva,  limitada disponibilidad de divisas, presiones inflacionarias y cambiarias, caída  de la producción hidrocarburífera y riesgos políticos para la aprobación y  continuidad de las reformas. El acuerdo técnico con el FMI por $us. 1.900  millones constituye una señal favorable, pero no reemplaza las reformas  internas que el país realmente necesita. 

Nuestra evaluación profesional es positiva respecto a la tendencia, pero cautelosa  respecto a su sostenibilidad. Bajar el riesgo país será relativamente más  fácil que mantenerlo bajo. La verdadera prueba será transformar  expectativas financieras en resultados estructurales.

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