A sus 17 años, el tenista paceño construye su camino entre viajes, triunfos y desafíos. Con el respaldo de su familia y la ilusión de llegar a la élite, sueña con dejar en alto el nombre de Bolivia.
26/10/2026 19:34
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Hay sueños que nacen con una raqueta en las manos y crecen con cada pelota que cruza la red. Para Oliver Soliz, el tenis comenzó como un juego a los cuatro años y hoy, a sus 17, se ha convertido en el camino que quiere recorrer para alcanzar sus grandes objetivos.
Nacido en La Paz y formado en las canchas del Club de Tenis La Paz, Oliver ha construido una trayectoria marcada por la disciplina, el esfuerzo y las ganas de superarse. Lo que empezó como una afición familiar, después de que su hermana fuera la primera en tomar una raqueta, terminó convirtiéndose en una pasión que lo impulsa a competir dentro y fuera del país.
Su crecimiento deportivo ya se refleja en resultados importantes. En 2026, se consagró campeón de dobles del torneo Cóndor de Plata, disputado en La Paz, y conquistó el título del J60 de Concepción, Chile, tras vencer en la final al colombiano Matías Quintero. También llegó a la final en Viña del Mar y alcanzó las semifinales en Santiago de Chile. A estos logros se suma su participación en la Brasil Juniors Cup.
Pero detrás de cada victoria hay horas de entrenamiento, viajes y momentos en los que el resultado no acompaña. Oliver recuerda especialmente una gira internacional del año pasado, en la que pasó cuatro semanas sin conseguir un triunfo.
Fue una etapa difícil, de esas que ponen a prueba las ganas de continuar. Sin embargo, con el tiempo entendió que perder también forma parte del aprendizaje y que levantarse después de cada caída es esencial para seguir adelante.
La recompensa llegó con otro momento inolvidable: conseguir su primer punto ATP en el torneo M15 disputado en La Paz. Hacerlo en casa, acompañado por su familia, convirtió aquel logro en una experiencia que guarda con especial cariño.
Su familia, el motor detrás de cada viaje
En el camino de Oliver hay una compañía que resulta fundamental: su familia. Su padre se ha convertido en su compañero de viaje en las distintas competencias, mientras que su madre también ha sido parte importante de su crecimiento deportivo.
El joven tenista reconoce que el cariño por este deporte, la posibilidad de conocer nuevos lugares y personas, y la satisfacción de conseguir resultados son algunas de las razones que lo motivan a seguir compitiendo.
Inspirado por los grandes, fiel a su propio camino
Como todo joven que sueña con llegar lejos, Oliver mira a los grandes referentes del tenis. En Bolivia encuentra inspiración en Hugo Dellien y Juan Carlos Prado, mientras que a nivel internacional admira a figuras como Rafael Nadal, Jannik Sinner, Roger Federer y Novak Djokovic.
Sin embargo, tiene claro que su objetivo no es convertirse en una copia de ellos, sino construir su propia historia y dar lo mejor de sí en cada partido.
Su meta exige paciencia, trabajo y fortaleza mental. Por eso, cuando habla de su futuro, resume su filosofía en una idea sencilla: mantener la fe, trabajar, aceptar las derrotas y levantarse una y otra vez hasta alcanzar lo que se propone.
A sus 17 años, Oliver Soliz todavía tiene mucho camino por recorrer. Pero entre raquetas, viajes y sueños, el joven paceño comienza a escribir una historia que busca llevar el tenis boliviano cada vez más lejos.
