Nacido en Nagrig, el delantero recorrió un camino marcado por sacrificio, viajes interminables para entrenar, gloria en Liverpool y un fuerte compromiso social con su pueblo natal.
07/07/2026 12:48
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Egipto mantiene vivo su sueño mundialista y lo hace de la mano de su gran bandera: Mohamed Salah.
El delantero, uno de los atacantes más reconocidos del fútbol mundial, llega al cruce ante Argentina por los octavos de final del Mundial 2026 como líder deportivo, capitán y símbolo emocional de un país que lo mira como mucho más que un futbolista. Reuters destacó que Salah transformó su legado con la selección al liderar a Egipto hacia una histórica fase de eliminación directa en esta Copa del Mundo.
A sus 34 años, el atacante ya es una figura consagrada. Pero antes de los goles, los títulos y los estadios llenos, hubo una historia de sacrificio que comenzó muy lejos de los flashes.
El chico que viajaba horas para entrenar
Mohamed Salah nació el 15 de junio de 1992 en Nagrig, una localidad del delta del Nilo, en Egipto.
Cuando era adolescente, su sueño de convertirse en futbolista lo obligaba a realizar viajes extensos para llegar a los entrenamientos del club Arab Contractors, en El Cairo. Distintos perfiles sobre su vida recuerdan que debía trasladarse durante varias horas al día desde su pueblo para poder entrenar, una rutina que marcó su carácter desde muy joven.
El pequeño “Mo” hacía combinaciones de transporte público, asistía pocas horas al colegio y luego partía rumbo a la capital egipcia. No había lujos ni atajos: solo disciplina, cansancio y una pelota como motor.
Ese recorrido diario se convirtió en una de las imágenes más potentes de su historia: el niño que viajaba durante horas para entrenar terminó convertido en el rostro más importante del fútbol egipcio.
De lateral limitado a delantero mundial
En sus primeros años, Salah no era el atacante desequilibrante que hoy todos conocen. Comenzó jugando por la banda izquierda, incluso con tareas más defensivas, hasta que sus entrenadores detectaron una virtud que cambiaría su carrera: la velocidad.
Su capacidad para acelerar, romper líneas y atacar espacios lo llevó a convertirse en extremo. Desde entonces, empezó a construir el perfil que lo haría famoso: explosivo, directo, zurdo, con cambio de ritmo y olfato goleador.
Debutó profesionalmente en Egipto y luego dio el salto a Europa con el Basilea de Suiza, donde comenzó a llamar la atención por sus actuaciones en competiciones internacionales. Ese paso fue clave para abrirle las puertas del fútbol grande.
Del golpe en Chelsea a la gloria en Liverpool
Salah llegó al Chelsea en 2013, pero no logró consolidarse en Inglaterra. Con pocas oportunidades, salió cedido a la Fiorentina y luego pasó por la Roma, donde recuperó confianza, continuidad y protagonismo.
Su rendimiento en Italia convenció al Liverpool, club al que llegó en 2017 y donde se transformó en leyenda.
Con los Reds, Salah fue parte de una era dorada junto a figuras como Sadio Mané y Roberto Firmino, bajo la dirección de Jürgen Klopp. Reuters recordó que el egipcio ayudó al club a ganar dos Premier League, una Champions League y otros títulos importantes, además de convertirse en uno de los máximos goleadores de la historia del Liverpool.
The Guardian también remarcó que Salah dejó el club inglés con una huella histórica: 257 goles en 441 partidos y ocho grandes títulos, consolidándose como uno de los futbolistas más importantes que pasaron por Anfield.
El héroe que devolvió a Egipto a un Mundial
Con la selección egipcia, Salah también escribió páginas inolvidables.
Su momento más recordado llegó en las Eliminatorias rumbo a Rusia 2018, cuando marcó los dos goles ante Congo, incluido un penal en tiempo añadido, para clasificar a Egipto a una Copa del Mundo después de 28 años de ausencia. El propio Liverpool recordó aquel partido como una noche histórica para el país africano.
Ese gol lo convirtió en héroe nacional. No fue solo una clasificación: fue una explosión de orgullo para millones de egipcios que esperaban volver a ver a su selección en el escenario más importante del fútbol.
Ahora, en el Mundial 2026, Salah vuelve a cargar con esa ilusión. Egipto avanzó a octavos tras superar a Australia por penales y llega al duelo ante Argentina con el capitán como su gran referencia.
Salah contra Messi, pero Egipto mira más allá
El partido ante Argentina tiene un condimento especial: Salah frente a Lionel Messi.
Sin embargo, desde Egipto el mensaje es claro: no se trata solo de un duelo individual. The Guardian recogió el clima de expectativa en torno al cruce y resumió el sentimiento egipcio con una frase: “Ellos tienen a Messi, pero nosotros tenemos a Salah”.
Para los “Faraones”, Salah representa liderazgo, experiencia y esperanza. Es el jugador capaz de encender una jugada, asistir, marcar o contagiar al resto del equipo en los momentos más difíciles.
El ídolo que no olvida sus raíces
Fuera de la cancha, Salah también es admirado por su compromiso con su pueblo natal.
En Nagrig, su nombre está asociado a obras sociales y ayuda comunitaria. Reportes internacionales señalan que colaboró con proyectos como la construcción de una escuela, una unidad de ambulancias y la donación de terrenos para una planta de tratamiento de aguas.
También se hizo conocida una historia que refleja su carácter: cuando un ladrón robó a su familia, Salah convenció a su padre de no seguir adelante con la denuncia y, en lugar de buscar castigo, habría ayudado al hombre con dinero y una oportunidad para empezar de nuevo.
Por eso, cada vez que vuelve a Nagrig, muchos lo siguen viendo como uno más: el chico del pueblo que nunca olvidó de dónde salió.
La bandera de todo Egipto
Mohamed Salah no es únicamente el mejor jugador de Egipto. Es una historia de superación que el país convirtió en símbolo.
Representa al niño que viajó horas para entrenar, al joven que tropezó en Chelsea y volvió más fuerte, al ídolo que conquistó Liverpool, al capitán que devolvió a Egipto a un Mundial y al hombre que decidió ayudar a su comunidad cuando llegó a la cima.
Ante Argentina, Egipto no solo tendrá a un delantero de élite. Tendrá a su héroe nacional, a su capitán y a la figura que mantiene viva la esperanza de hacer historia.
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