En Bolivia, el desafío consiste en transformar la riqueza cultural, el conocimiento local y el talento de sus comunidades en emprendimientos, servicios, productos culturales y soluciones capaces de conectar con nuevos públicos y mercados.
04/09/2026 11:48
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La economía creativa convierte ideas, talento, cultura y conocimiento en bienes y servicios capaces de generar empleo, innovación y nuevas oportunidades económicas. Música, gastronomía, diseño, moda, producción audiovisual, videojuegos, software, publicidad, artesanía y contenidos digitales forman parte de un sector que puede ayudar a diversificar las economías y aprovechar un recurso que no se agota: la creatividad de las personas.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sostiene que la economía creativa puede contribuir a la diversificación económica, la creación de empleo y el crecimiento inclusivo. Su Creative Economy Outlook 2024 muestra que las industrias creativas aportan, según el país, entre 0,5% y 7,3% del PIB y entre 0,5% y 12,5% del empleo.
En Bolivia, el desafío consiste en transformar la riqueza cultural, el conocimiento local y el talento de sus comunidades en emprendimientos, servicios, productos culturales y soluciones capaces de conectar con nuevos públicos y mercados.
“La economía creativa se basa en dos pilares: la creatividad del ser humano y la cultura de las civilizaciones”, sostiene Rolando López, vicerrector de la Universidad Privada Franz tamayo (Unifranz Cochabamba).
¿Qué es la economía creativa?
La economía creativa es el conjunto de actividades que utilizan la creatividad, la cultura, el talento, el conocimiento y la propiedad intelectual para producir bienes y servicios con valor económico, social y simbólico.
Este concepto incluye actividades tradicionales y contemporáneas: artes visuales y escénicas, literatura, cine, música, artesanía, gastronomía, arquitectura, diseño, publicidad, videojuegos, desarrollo de software, contenidos digitales y servicios vinculados con innovación cultural y tecnológica.
“Hoy que tenemos problemas en el agro, tenemos problemas con los recursos naturales y la economía extractiva, el mundo está apuntando, no solamente a aquello que sea tecnología pura para tener éxito, sino a aquello que es más intangible, más social, como es el buen vivir, la gastronomía, la música, el diseño, las editoriales o el talento humano, facetas de la economía naranja”, afirma López.
¿Por qué la economía creativa puede diversificar la economía?
A diferencia de actividades que dependen principalmente de la extracción de recursos naturales, la economía creativa se apoya en capacidades humanas, conocimiento, identidad cultural e innovación. Una idea puede convertirse en una marca, una experiencia, un contenido, un producto cultural o una solución digital con posibilidades de llegar a distintos mercados.
“La economía creativa representa una salida más sostenible y diversificada, basada en la innovación y la creatividad, menos dependiente de grandes inversiones de capital”, señala Santiago Laserna del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres).
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha utilizado el concepto de economía naranja para referirse a las industrias culturales y creativas. Según datos citados por el BID, estas industrias representan alrededor del 3% del PIB global y generan 25,9 millones de empleos; en América Latina y el Caribe aportan cerca del 2,2% del PIB y casi 1,9 millones de puestos de trabajo.
Bolivia: talento cultural con potencial económico
Para Bolivia, el potencial de la economía creativa está relacionado con su diversidad cultural, sus tradiciones, sus identidades territoriales y la capacidad de sus habitantes para crear productos y experiencias con sello propio. La música, la gastronomía, la artesanía, la moda, el turismo cultural, el diseño y las industrias digitales pueden conectar ese patrimonio con nuevos públicos.
Sin embargo, convertir ese potencial en una actividad económica sostenible requiere más que talento. El sector necesita financiamiento, formación, formalización, protección de la propiedad intelectual, infraestructura, acceso a tecnología, redes de colaboración y políticas que permitan escalar emprendimientos creativos.
“La única manera de potenciar la economía creativa en Bolivia es por medio de tener una masa crítica de capital intelectual creativo en la población”, sostiene Laserna.
Creatividad, educación e innovación: el papel de la formación
La economía creativa también plantea un desafío educativo. Si las nuevas oportunidades dependen de la capacidad de crear, comunicar, diseñar, emprender y resolver problemas, la formación profesional necesita fortalecer competencias vinculadas con creatividad, tecnología, gestión, comunicación, pensamiento crítico y colaboración.
La UNESCO señala que los sistemas de formación deben alinearse mejor con las necesidades cambiantes de las industrias culturales y creativas, desde la música y la moda hasta el cine, las artesanías patrimoniales y otros campos. Esta mirada conecta directamente con modelos educativos basados en proyectos, experiencia práctica y aprendizaje aplicado.
En ese proceso, los proyectos integradores pueden convertirse en espacios para transformar ideas en prototipos, servicios, emprendimientos o soluciones con potencial social y económico. La experiencia práctica permite que los estudiantes no solo aprendan contenidos, sino que desarrollen capacidades para aplicarlos en escenarios reales.
Economía creativa y desarrollo sostenible
La economía creativa no se limita a generar ingresos. También puede fortalecer identidades, preservar conocimientos culturales, crear oportunidades para jóvenes, impulsar emprendimientos locales y desarrollar soluciones vinculadas con las necesidades de distintos territorios.
“La economía creativa involucra actividades como el arte, la cultura, el desarrollo de software, la artesanía y la gastronomía, entre otros”, afirma Alberto Arze Barrenechea, gerente general de la Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Cochabamba (ICAM).
Para que ese potencial se convierta en desarrollo, la articulación entre universidades, empresas, instituciones públicas, emprendedores, comunidades y redes internacionales resulta clave. La colaboración puede facilitar el acceso a conocimiento, inversión, tecnología, mercados y capacidades de gestión.
IV Foro Internacional de Economía Creativa: conectar talento y oportunidades
El IV Foro Internacional de Economía Creativa se realizará el 17 y 18 de septiembre de 2026 en Cochabamba, según información publicada por Unifranz en LinkedIn. La edición 2026 plantea el lema “Creatividad que conecta, oportunidades que transforman” y busca reunir a expertos, emprendedores, empresas, instituciones, academia y redes nacionales e internacionales.
El encuentro propone analizar cómo la creatividad puede vincularse con inteligencia artificial, futuro del trabajo, turismo, gastronomía, clusters, innovación y nuevos modelos de negocio. En ese sentido, funciona como un espacio de diálogo, conexión y construcción de oportunidades para el ecosistema creativo boliviano.
¿Qué necesita Bolivia para impulsar la economía creativa?
Bolivia cuenta con una base cultural amplia y diversa, pero el crecimiento de la economía creativa requiere condiciones que permitan convertir la creatividad en valor sostenible. Entre las prioridades aparecen la formación de talento, la protección de derechos de autor y propiedad intelectual, el acceso a financiamiento, la formalización, la medición del sector y la conexión con mercados.
UNCTAD destaca la importancia de generar datos y análisis para comprender el comercio de bienes y servicios creativos, la propiedad intelectual, las ideas y la imaginación como parte de las estrategias de desarrollo. Medir mejor el sector permite diseñar políticas y decisiones empresariales con mayor precisión.
Una oportunidad para crear desarrollo desde la identidad
La economía creativa plantea una manera distinta de mirar el desarrollo: aprovechar aquello que las personas saben imaginar, crear, narrar, diseñar, cocinar, programar, producir y transformar. No reemplaza por completo a otros sectores, pero puede convertirse en un complemento estratégico para diversificar la economía y generar nuevas oportunidades.
Para Bolivia, el reto es pasar del reconocimiento del talento a la creación de ecosistemas que permitan sostenerlo. Cuando la cultura, la creatividad, la educación, la tecnología y el emprendimiento se conectan, las ideas pueden convertirse en empleo, innovación y desarrollo con identidad propia.
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