Los emprendimientos creativos también necesitan formación empresarial, acceso a tecnología, financiamiento, propiedad intelectual, redes de colaboración y canales para llegar a clientes.
25/09/2026 18:19
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La economía creativa convierte talento, conocimiento, cultura y tecnología en bienes y servicios capaces de generar empleo, emprendimiento y exportaciones. En Bolivia, actividades como gastronomía, moda, artesanía, diseño, producción audiovisual, software, marketing y contenidos digitales muestran que el trabajo creativo va mucho más allá de las artes tradicionales.
El desafío está en medir ese ecosistema con precisión. Parte del empleo creativo aparece en empresas formales y plataformas digitales, pero otra parte se desarrolla en emprendimientos, trabajo independiente, turismo, servicios culturales y actividades que no siempre están clasificadas de manera homogénea.
“Cuando el Observatorio analiza la demanda laboral visible en plataformas digitales de empleo, encontramos una enorme brecha de información. Si cruzáramos esos datos con el clasificador de actividades económicas del Instituto Nacional de Estadística (INE), podríamos estimar que alrededor del 1% de ese empleo estaría concentrado en actividades artísticas, recreativas, de entretenimiento, deportivas y otras”, explica Mauricio Rojas, investigador asociado del Observatorio Nacional de Trabajo (ONT) de Unifranz.
¿Qué es la economía creativa y qué actividades incluye?
ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD) describe la economía creativa como un conjunto de actividades cuyo principal insumo es la creatividad y el capital intelectual. Incluye bienes y servicios vinculados con audiovisuales, diseño, medios, música, artes escénicas, edición, artes visuales, software y otros servicios intensivos en conocimiento.
Esta amplitud explica por qué medir el empleo creativo puede resultar complejo. Una persona puede trabajar en software, marketing, turismo, arquitectura o producción audiovisual y formar parte de cadenas creativas aunque su ocupación no aparezca registrada bajo una única etiqueta de “economía creativa”.
¿Cuánto empleo puede generar la economía creativa en Bolivia?
Las estimaciones disponibles varían según la definición utilizada. Rojas señala que, si se observa un núcleo más acotado de actividades creativas, el empleo podría situarse entre 70.000 y 76.000 puestos, dependiendo del periodo analizado. Si se incorporan actividades relacionadas con turismo, la estimación asciende a alrededor de 109.000 empleos; al considerar empleos indirectos, el cálculo superaría los 669.000.
Estas cifras deben entenderse como estimaciones atribuidas al análisis del Observatorio y no como una medición oficial única del empleo creativo nacional. La amplitud del sector cambia según qué actividades, ocupaciones y cadenas de valor se incluyan.
Una estimación difundida por CERES y citada en publicaciones de Unifranz señala además que cerca del 21% de la población económicamente activa realiza trabajos donde la creatividad tiene peso. Al igual que las estimaciones anteriores, el dato depende de una clasificación amplia de actividades y debe presentarse con su atribución y metodología.
Cochabamba ofrece una medición local más concreta
Un dato con alcance territorial definido proviene del Censo de Economía Naranja realizado entre 2022 y 2023 por el Instituto de Progreso Económico Empresarial (IPEE) de Unifranz. El estudio identificó 2.260 unidades económicas en el municipio de Cochabamba y estimó 94.200 empleos vinculados al sector, de los cuales 23.550 correspondían a empleos directos.
Gastronomía, moda, industria de productos y artesanías concentraron parte importante de las actividades identificadas. El censo permitió observar un ecosistema que antes permanecía disperso y ofrecer una base concreta para discutir empleo, informalidad, emprendimiento y desarrollo territorial.
El talento creativo combina habilidades humanas y digitales
Los empleos creativos no dependen únicamente de una capacidad artística. Diseño, programación, producción audiovisual, marketing, gestión cultural, comunicación, arquitectura y software combinan creatividad con herramientas digitales, análisis, gestión de proyectos y conocimiento del mercado.
“Cerca de una quinta parte de la población ocupada (21%) realiza trabajos donde la creatividad pesa”, señala Santiago Laserna, experto en economía creativa, en una estimación difundida por CERES.
Para la formación profesional, esto significa desarrollar capacidades que permitan convertir una idea en un producto, servicio o solución: detectar necesidades, diseñar propuestas, utilizar tecnología, comunicar valor, trabajar con otros perfiles y adaptarse a nuevos canales de distribución.
La digitalización abre mercados para servicios creativos
La transformación digital amplía el alcance de áreas como software, diseño, producción audiovisual, publicidad y contenidos. Muchos de estos servicios pueden entregarse a distancia, lo que facilita que profesionales y empresas accedan a clientes fuera de su mercado local.
UNCTAD reportó que las exportaciones mundiales de servicios creativos alcanzaron 1,4 billones de dólares en 2022, un crecimiento del 29% frente a 2017. El software representó el 41,3% de esas exportaciones, seguido por investigación y desarrollo, publicidad y arquitectura, audiovisuales e información.
La participación de los países en desarrollo en las exportaciones globales de servicios creativos pasó del 10% en 2010 al 20% en 2022. Este dato muestra una oportunidad para economías que pueden competir mediante conocimiento y servicios digitales sin depender exclusivamente de exportaciones físicas.
¿Por qué medir mejor el empleo creativo es importante?
“El gran desafío está en conectar esas cadenas de valor que forman parte de la economía creativa para determinar qué categorías ocupacionales están dentro de ella en Bolivia y cómo estas se van moviendo en un escenario bastante complejo”, afirma Rojas.
Una medición más precisa permitiría conocer cuántas personas trabajan en actividades creativas, en qué condiciones lo hacen, qué habilidades demandan las empresas y qué sectores tienen mayor capacidad de crecer. También ayudaría a diferenciar empleo directo, indirecto, formal, independiente y digital.
La falta de una única clasificación no significa que el sector no exista; significa que requiere mejores metodologías y fuentes complementarias. Encuestas laborales, registros empresariales, plataformas de empleo, censos sectoriales y clasificaciones ocupacionales pueden aportar piezas diferentes de la misma realidad.
Formación, financiamiento y mercado determinan si el talento se convierte en empleo sostenible
El talento por sí solo no garantiza una trayectoria económica sostenible. Los emprendimientos creativos también necesitan formación empresarial, acceso a tecnología, financiamiento, propiedad intelectual, redes de colaboración y canales para llegar a clientes.
Las universidades pueden aportar en esa conexión mediante aprendizaje práctico, proyectos con organizaciones, incubación, investigación y formación en habilidades digitales y de negocio. El objetivo no es únicamente formar creadores, sino profesionales capaces de convertir conocimiento y creatividad en soluciones con valor económico y social.
La economía creativa conecta talento con nuevas oportunidades
La economía creativa muestra que el empleo puede surgir allí donde se combinan cultura, tecnología, conocimiento y capacidad de resolver problemas. En Bolivia, las estimaciones nacionales todavía necesitan una medición más sistemática, pero los datos de Cochabamba permiten observar una base económica concreta.
La oportunidad está en transformar ese potencial en empleos sostenibles y mercados más amplios. Para ello se necesitan mejores datos, formación pertinente, articulación entre actores, acceso a financiamiento y capacidad para exportar servicios creativos y digitales.
Medir mejor el sector no es un ejercicio estadístico aislado: es una condición para entender dónde está el talento, qué empleos está generando y qué políticas, inversiones o programas pueden ayudar a convertirlo en desarrollo.
