La propuesta encaja con uno de los objetivos del FIEC 2026: conectar creatividad, conocimiento, territorio y nuevas oportunidades de desarrollo.
22/09/2026 14:04
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El turismo ya no se limita a conocer un lugar, tomar fotografías y continuar el viaje. Para Alex Paredes, especialista en economía creativa y turismo creativo, el nuevo visitante busca involucrarse, experimentar y relacionarse con aquello que hace único a un territorio. Esa transformación fue el eje de su conferencia magistral “Reinventar el destino: Turismo creativo como estrategia de desarrollo territorial”, presentada durante el IV Foro Internacional de Economía Creativa (FIEC) de Unifranz, realizado en Cochabamba.
El planteamiento de Paredes parte de una pregunta central: ¿cómo puede un territorio convertir aquello que lo hace diferente en una experiencia turística capaz de generar actividad económica y oportunidades para sus habitantes?
“El turista quiere experiencia, quiere experimentar, quiere ser parte de lo que se construye para él”, explicó el especialista durante su intervención.
La propuesta encaja con uno de los objetivos del FIEC 2026: conectar creatividad, conocimiento, territorio y nuevas oportunidades de desarrollo. El encuentro, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), reunió el 17 y 18 de septiembre en Cochabamba a expertos, emprendedores, académicos y representantes de distintos sectores para analizar el potencial de la economía creativa.
Del turista espectador al visitante que participa
Para Paredes, uno de los principales cambios está en la relación entre el visitante y el destino. El turista tradicional llegaba a un lugar para observar sus atractivos; el turista creativo, en cambio, busca participar de la vida del territorio.
Esa participación puede expresarse de distintas maneras: aprender un oficio, conocer una tradición, participar en una preparación gastronómica, recorrer un territorio acompañado por sus habitantes o descubrir los relatos que existen detrás de un producto.
El especialista sostiene que esta transformación obliga a mirar más allá de los atractivos convencionales. La cultura, las tradiciones, el patrimonio inmaterial y los conocimientos locales pueden formar parte de una cadena de valor turística en la que participan emprendedores, productores, transportistas, artesanos y otros actores del territorio.
La idea también encuentra respaldo en el enfoque de la UNESCO sobre turismo cultural y creativo, que plantea que el visitante puede participar activamente, aprender y crear mientras entra en contacto con la identidad local.
De un producto a una experiencia turística
Uno de los desafíos que plantea Paredes es comprender que un producto por sí mismo no constituye necesariamente una experiencia. La transformación ocurre cuando ese producto se conecta con una historia, un conocimiento, un recorrido o una actividad que permita al visitante involucrarse.
El especialista utiliza como ejemplo el vino. Una botella puede convertirse en mucho más que un producto comercial cuando se incorpora el territorio donde se produce, el conocimiento asociado a su elaboración, las tradiciones familiares, la arquitectura de las bodegas, los maridajes, las rutas, los festivales y las narrativas que existen alrededor de ella.
“Una IP puede convertirse en contenido, en bienes, en servicios y en experiencias”, explica Paredes al referirse a la capacidad de transformar un mismo elemento creativo en diferentes propuestas.
En esa lógica, el turismo creativo no consiste simplemente en agregar actividades a un itinerario. Implica diseñar experiencias con identidad propia y generar conexiones entre visitantes y actores locales.
Los pequeños territorios también pueden crear destinos
Otro de los argumentos centrales de la conferencia fue que el turismo creativo puede abrir oportunidades para territorios pequeños que no cuentan con grandes infraestructuras turísticas.
Paredes plantea que la diferenciación puede encontrarse precisamente en aquello que no puede reproducirse fácilmente: una tradición familiar, un conocimiento ancestral, una forma particular de producir, una historia o una relación específica con el territorio.
“Cada uno de nuestros pueblos lo hace único, no se repite, no es repetible”, sostiene el especialista.
Esta perspectiva también permite pensar en una distribución más amplia de los beneficios del turismo. En lugar de concentrar la actividad en grandes destinos, la creación de experiencias en territorios pequeños puede favorecer a emprendimientos locales y generar circuitos económicos vinculados con alimentación, transporte, alojamiento, artesanía y servicios.
La UNESCO y su enfoque de turismo cultural sostenible destacan precisamente la importancia de fortalecer capacidades locales, desarrollar emprendimientos y conectar productos y servicios culturales con el mercado turístico.
Patrimonio vivo, innovación y desarrollo territorial
Para Paredes, el patrimonio inmaterial tiene un papel central porque América Latina cuenta con conocimientos, prácticas y tradiciones que continúan formando parte de la vida cotidiana de sus comunidades. El desafío está en convertir ese patrimonio vivo en experiencias sin descontextualizarlo ni convertirlo únicamente en espectáculo para visitantes.
El especialista menciona como referencia el caso de San Blas, en Panamá, donde la participación de la comunidad Guna en la gestión turística está vinculada con mecanismos destinados a proteger sus prácticas culturales y controlar la actividad de los visitantes.
Este enfoque coincide con experiencias internacionales impulsadas por la UNESCO en turismo creativo, donde la participación comunitaria, la protección del patrimonio y la generación de ingresos aparecen como elementos vinculados.
Reinventar el destino sin perder su identidad
La propuesta de Paredes plantea, finalmente, que reinventar un destino no significa necesariamente construir nuevos atractivos o realizar grandes inversiones. En muchos casos, el punto de partida puede estar en reconocer aquello que el territorio ya posee y encontrar nuevas maneras de compartirlo.
Esa mirada conecta directamente con el espíritu del IV FIEC: pasar de identificar el talento y los recursos creativos a convertirlos en experiencias, productos, servicios y oportunidades.
Para Paredes, el turismo creativo puede contribuir además a descentralizar el consumo turístico, generar oportunidades para jóvenes y mujeres y reducir la salida de talento de los pequeños territorios. La apuesta, por tanto, no consiste solamente en atraer visitantes, sino en conseguir que el turismo ayude a fortalecer las economías locales y a dar valor a los conocimientos de quienes habitan cada lugar.
En el contexto del FIEC 2026, la conferencia dejó así una idea que trasciende al turismo: un territorio no necesita convertirse en otro lugar para atraer visitantes; puede encontrar nuevas formas de mostrar, compartir y poner en valor aquello que ya lo hace único.
